La Iglesia Ortodoxa Rusa ha sacado fragmentos atribuidos a Dmitri Donskói del Kremlin y los está llevando a templos militares y al entorno del frente. La operación convierte a un príncipe medieval y la batalla de Kulikovo en un puente simbólico entre la guerra actual y un relato ruso de lucha histórica contra enemigos exteriores.
El Patriarcado de Moscú anunció que durante las obras de restauración de la catedral del Arcángel del Kremlin fueron abiertos en julio los restos atribuidos al gran príncipe Dmitri Donskói. Kirill bendijo después la extracción de varios fragmentos para su veneración y el 6 de septiembre una arqueta con una parte de esas reliquias llegó al principal templo de las Fuerzas Armadas rusas.
El 7 de septiembre la misma arqueta fue llevada al principal templo militar del Distrito Militar Sur en Rostov del Don, según la propia Iglesia. Coberturas independientes sitúan después el símbolo religioso en el circuito de unidades rusas y territorios ocupados de Donetsk.
Donskói es recordado por la batalla de Kulikovo de 1380 contra fuerzas de la Horda de Oro. La historiografía discute cuánto cambió realmente aquella victoria el equilibrio de poder; la dominación tártara no terminó entonces. Su importancia posterior es también simbólica: fue convertida en relato de unidad rusa frente a un enemigo exterior.
Ese componente simbólico es precisamente lo útil para el Kremlin actual. Vincular una guerra del siglo XXI con un príncipe canonizado transforma una campaña geopolítica concreta en una historia de continuidad espiritual y nacional. La Iglesia Ortodoxa Rusa ha apoyado abiertamente la invasión y ha reforzado su presencia en las Fuerzas Armadas.
La conclusión verificable es más limitada que la propaganda: las reliquias existen como objeto de culto, la Iglesia las ha trasladado al aparato militar y ese gesto tiene una función pública de moral y legitimación. De ahí no se sigue que exista una continuidad histórica objetiva entre Kulikovo, Occidente y la invasión de Ucrania.
Putin participó el 20 de agosto en un acto ante los restos reabiertos en el Kremlin, según la Iglesia Ortodoxa Rusa.
La instrumentalización política de santos y victorias históricas no empezó con esta reliquia; forma parte de una narrativa más amplia que presenta a Rusia como una civilización sitiada.
Fuentes: Patriarcado de Moscú — apertura y veneración de las reliquiasPatriarcado de Moscú — traslado al templo de las Fuerzas ArmadasEl País — traslado al frente y uso político del mitoThe Guardian — corroboración independiente del traslado
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