Tokio pide a Berlín suavizar la futura ley de "preferencia europea" que exigiría fabricación y baterías made in EU para acceder a subvenciones, licitaciones y objetivos de CO2.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, pidió al canciller alemán, Friedrich Merz, que la futura normativa europea de "preferencia europea" no deje fuera a los fabricantes nipones de las ayudas públicas a la electrificación, en un encuentro bilateral celebrado en Tokio. Tokio pide a Berlín suavizar la futura ley de "preferencia europea" que exigiría fabricación y baterías made in EU para acceder a subvenciones, licitaciones y objetivos de CO2. En la práctica: Si la ley de aceleración industrial se aprueba con los requisitos de contenido local actualmente sobre la mesa, fabricantes japoneses como Toyota, Nissan, Honda y Mazda podrían perder acceso a subvenciones y licitaciones públicas europeas para sus modelos eléctricos importados, mientras los fabricantes con plantas o proveedores de baterías dentro de la UE saldrían reforzados.

El canciller alemán Friedrich Merz, cuyo gobierno pactó con Francia el 16 de octubre de 2026 el principio de "preferencia europea" que ahora cuestiona Japón.
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Japón ha iniciado una ofensiva diplomática para evitar que sus fabricantes de coches eléctricos queden excluidos de las ayudas públicas europeas. La primera ministra Sanae Takaichi planteó el asunto directamente al canciller alemán Friedrich Merz durante la visita de este a Tokio, en una reunión celebrada el 28 de octubre de 2026 que, según Nikkei Asia, también sirvió para acordar una cooperación reforzada en seguridad económica, inteligencia artificial, ciberseguridad y minerales críticos.
El origen de la disputa es un acuerdo franco-alemán anunciado el 16 de octubre de 2026 para impulsar la "preferencia europea" en la industria del motor, germen de una futura ley de aceleración industrial todavía en debate entre los Estados miembros. Según la reconstrucción de Infobae a partir de agencias, el texto en discusión exige que el ensamblaje final se realice en la UE, que la batería incorpore al menos tres componentes de origen europeo y que un 70% del resto de componentes sean también domésticos para poder acceder a subvenciones, incentivos fiscales y licitaciones públicas en vehículos eléctricos, tecnologías limpias e industrias de alto consumo energético.
El paquete franco-alemán incluye además una flexibilización de los objetivos de reducción de CO2 para los fabricantes europeos: permitiría un margen de incumplimiento del 10% sin penalización de cara al objetivo de reducción del 90% fijado para 2035, según la misma reconstrucción. Para Japón, cuyos fabricantes —Toyota, Nissan, Honda y Mazda— exportan un volumen relevante de eléctricos al mercado europeo, la combinación de requisitos de contenido local y ayudas condicionadas supondría una desventaja competitiva frente a los fabricantes que ya producen dentro de la UE.
Toyota, el mayor fabricante mundial por volumen de ventas, pidió públicamente en Bruselas que la UE sustituya el criterio "made in Europe" por uno de "made with Europe", que reconozca como socios de confianza y con reciprocidad plena a países como el Reino Unido, Turquía y Japón, de acuerdo con la información recogida por Infobae. La petición busca que los vehículos fabricados por estas marcas, aunque se ensamblen fuera de la UE, puedan seguir accediendo a determinados incentivos si cumplen otros estándares de origen o contenido.
Nikkei Asia señala que los esfuerzos de Tokio para modificar el proyecto de ley industrial europeo no han tenido éxito hasta ahora y que Japón se enfrenta a "pocas probabilidades" de lograr una excepción plena antes de que los Estados miembros cierren su posición. La propia agencia recuerda que se trata de la primera visita de Merz a Japón desde que asumió el cargo de canciller en mayo de 2025, lo que subraya el peso político que Berlín otorga a la relación bilateral pese al desacuerdo sobre las reglas de origen.
El profesor Atsushi Osanai, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Waseda, advirtió de que las medidas proteccionistas europeas podrían terminar beneficiando a los fabricantes chinos al fragmentar el mercado, justo cuando la industria necesita economías de escala compartidas para desarrollar los vehículos definidos por software, según recoge Infobae. El argumento añade una capa adicional al debate: la preferencia europea podría debilitar, en lugar de reforzar, la posición conjunta de fabricantes europeos y japoneses frente a la competencia china en eléctricos.
La Unión Europea aspira a cerrar un acuerdo entre los Estados miembros sobre la ley de aceleración industrial en noviembre de 2026, por lo que las próximas semanas serán decisivas para saber si Japón logra alguna concesión sobre el contenido local exigido o si las ayudas europeas a la electrificación quedan finalmente reservadas a la producción realizada dentro del bloque.
Por el momento, ni la Comisión Europea ni el Gobierno alemán han confirmado públicamente cambios en el texto en respuesta a la petición japonesa, y el resultado del encuentro Takaichi-Merz se limitó, según las fuentes consultadas, a un compromiso de seguir dialogando sobre el asunto en paralelo a la negociación entre los Veintisiete.
La iniciativa de preferencia europea sigue a la imposición de aranceles de hasta el 45% a los eléctricos chinos aprobados por los Estados miembros de la UE y a los intentos previos de Bruselas de condicionar ayudas públicas a la producción local, en un contexto de rivalidad creciente entre bloques industriales por el mercado del coche eléctrico.
Si la ley de aceleración industrial se aprueba con los requisitos de contenido local actualmente sobre la mesa, fabricantes japoneses como Toyota, Nissan, Honda y Mazda podrían perder acceso a subvenciones y licitaciones públicas europeas para sus modelos eléctricos importados, mientras los fabricantes con plantas o proveedores de baterías dentro de la UE saldrían reforzados.
La propuesta franco-alemana del 16 de octubre de 2026 se inscribe en un esfuerzo más amplio de la UE por proteger su industria automotriz frente a la competencia china, pero extiende esa lógica proteccionista también a aliados tradicionales como Japón, lo que ha generado fricción diplomática pese a la cooperación bilateral reforzada en otras áreas anunciada en la misma visita de Merz a Tokio.
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