Templo, vecinos y Ayuntamiento habían acercado posiciones para limitar derribos a una manzana, lejos del millar de viviendas que llegó a contemplarse. El acuerdo urbanístico no se formaliza por falta de mayoría y cercanía electoral.
La futura **escalinata de la fachada de la Gloria de la Sagrada Familia** vuelve a encontrarse con un bloqueo urbanístico. Las negociaciones avanzaron durante el último año y medio hacia una solución que limitaría la afección a alrededor de **200 viviendas**, pero el acuerdo no ha llegado a formalizarse.
La cifra necesita precisión. La asociación vecinal llegó a estimar un máximo de **216 pisos** afectados; un recuento de El País situó el rango entre 156 y 213 según qué lado del pasaje de Paula Font tuviera que ser derribado.
Es una reducción sustancial frente a escenarios de mandatos anteriores en los que se llegó a hablar de aproximadamente un millar de viviendas. La idea negociada concentra el impacto en la manzana inmediatamente situada frente a la basílica.
Eso no significa que hoy exista una orden de desalojo para 200 familias. La afectación depende de una **modificación del planeamiento urbanístico** que todavía no se ha aprobado. Mientras esa pieza jurídica no exista, el escenario sigue siendo una propuesta de solución.
El templo mantiene que la escalinata forma parte del proyecto de la fachada de la Gloria. La Junta Constructora ha defendido que no renuncia a ella, mientras asociaciones vecinales han pasado en los últimos años de una oposición total a negociar límites, compensaciones y realojos.
El acuerdo que se estaba explorando incluía precisamente mecanismos para que los residentes afectados pudieran ser realojados en el barrio y recibieran compensación. Los detalles económicos y las garantías individuales tendrían que quedar incorporados al procedimiento final.
El atasco actual es político. Según El País, antes del verano existía un grado alto de consenso técnico entre los actores, pero el Ayuntamiento no dispone del respaldo necesario para tramitar la modificación en este tramo del mandato y la proximidad electoral reduce el margen.
Para los vecinos, la incertidumbre tiene un coste aunque todavía no haya expropiación. Una vivienda potencialmente afectada puede complicar reformas, ventas, herencias o decisiones familiares durante años si nadie sabe con qué calendario se resolverá.
Para la Sagrada Familia, el retraso también importa porque la fachada de la Gloria es una parte esencial del proyecto final. La construcción del templo ha avanzado enormemente, pero el entorno urbano de esa fachada sigue siendo una pieza sin cerrar.
El conflicto muestra la diferencia entre terminar un edificio y completar su integración urbana. La basílica puede culminar torres y fachadas dentro de su recinto y, aun así, necesitar decisiones públicas para ocupar o transformar calles y solares exteriores.
Los comercios también forman parte de la negociación. Una gran escalinata cambiaría flujos peatonales, accesibilidad y uso del espacio público alrededor de Mallorca y el pasaje de Paula Font. El impacto no se reduce a propietarios de viviendas.
La cifra de 200 puede resultar engañosa si se presenta como resultado cerrado. Distintas geometrías de la solución producen recuentos diferentes y la negociación podría cambiar otra vez. Lo correcto es hablar de **aproximadamente 200 pisos en el escenario de compromiso**.
El Ayuntamiento insiste en mantener el diálogo. Eso deja abierta la posibilidad de que la solución se retome después de las elecciones o con otra mayoría, pero no existe una fecha segura para aprobación.
La operación también necesitaría resolver quién paga cada parte. Expropiaciones, realojos, espacio público y obras de acceso pueden repartirse entre templo y administración de maneras distintas. Sin un acuerdo financiero, incluso una geometría urbanística aceptada por las partes puede quedar bloqueada.
Para los propietarios, el valor de una garantía de realojo depende de detalles: ubicación, superficie, régimen de propiedad y calendario. Hablar de 'compensación' en abstracto no sustituye un convenio que permita a cada hogar saber qué recibirá y cuándo.
También queda la alternativa judicial si no hay acuerdo. La Junta Constructora ha señalado anteriormente que defendería el proyecto, aunque un litigio podría prolongar todavía más una disputa que ya acumula décadas.
En limpio: el problema ya no parece ser escoger entre cero y mil viviendas. Las partes habían acercado una solución mucho más acotada, de alrededor de 200 pisos. **Lo que falta es convertir ese compromiso en un planeamiento aprobado y financiado.**
La relación entre la fachada de la Gloria y la trama urbana de Barcelona lleva décadas sin resolverse. El planeamiento histórico reservaba espacio para una gran avenida y escalinata, pero el barrio se consolidó con viviendas y comercios que hacen inviable ejecutar aquel dibujo sin un acuerdo moderno.
La indefinición afecta a residentes, comercios y calendario de terminación urbana del templo. Un acuerdo reduciría incertidumbre, pero implicaría realojos, compensaciones y una operación urbanística de considerable coste.
Los vecinos estiman hasta 216 pisos en el escenario de compromiso.
El Ayuntamiento no ha aprobado todavía la modificación urbanística necesaria.
Fuentes: El País — frenazo a la negociaciónEl País — censo de viviendas afectadasXataka — señal detectada por el Radar
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