La campaña de medición 2025-2026 del grupo CryoPyr (IPE-CSIC) confirma pérdidas de entre 1,5 y 3,1 metros de espesor medio en los glaciares del Aneto, Monte Perdido y Ossoue, con máximos localizados de hasta seis metros.
La campaña anual de medición de los glaciares pirenaicos, realizada por el grupo de investigación CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), confirma que la temporada 2025-2026 ha sido la tercera peor desde que existen registros anuales en 2012, con pérdidas de espesor de entre 1,5 y 3,1 metros de media y picos localizados de hasta seis metros en el glaciar de Monte Perdido. La campaña de medición 2025-2026 del grupo CryoPyr (IPE-CSIC) confirma pérdidas de entre 1,5 y 3,1 metros de espesor medio en los glaciares del Aneto, Monte Perdido y Ossoue, con máximos localizados de hasta seis metros. En la práctica: La tercera peor temporada de pérdidas desde 2012 confirma que el deterioro de los glaciares pirenaicos no es un episodio puntual, sino una tendencia sostenida que se acelera incluso en años con nevadas primaverales abundantes.

El glaciar del Aneto, el de mayor tamaño de los Pirineos, fotografiado desde la cumbre (imagen de archivo).
Foto: Faras / Wikimedia Commons · Licencia: CC BY-SA 3.0 · Archivo original · Condiciones de la licencia
Los glaciares del Pirineo han cerrado la temporada 2025-2026 con pérdidas de hielo que sitúan este año como el tercero más dañino desde que el grupo de investigación CryoPyr, del Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC (IPE-CSIC), comenzó a realizar mediciones anuales sistemáticas en 2012, según coincidieron Infobae, El Español y Xataka al recoger los resultados de la campaña de este otoño.
El glaciar de Ossoue, en el macizo del Vignemale, en el lado francés de la cordillera, registró la mayor pérdida media de espesor, con 3,1 metros y picos localizados de hasta 4,9 metros, según Infobae y Xataka. El Aneto, el glaciar más extenso del Pirineo, perdió una media de 2,4 metros, con máximos de 4,8 metros, mientras que Monte Perdido retrocedió 2,3 metros de media, con zonas puntuales que llegaron a perder seis metros de hielo. La Maladeta perdió 2,3 metros de media y el glaciar de Llardana, en el macizo de Posets, 1,5 metros, con máximos de 3,4 metros, de acuerdo con los datos de Infobae.
Solo los años 2021-2022 y 2022-2023, calificados como "extremos" por los investigadores, registraron pérdidas mayores que la temporada actual, según recoge Infobae. Las tres fuentes consultadas coinciden en que una nevada primaveral abundante en 2026 no bastó para compensar un verano prolongado y caluroso, lo que los investigadores atribuyen a la "extrema sensibilidad" de estos glaciares, los más meridionales de Europa, frente al calentamiento estival.
Más allá de la pérdida de espesor, el seguimiento de CryoPyr detectó cambios estructurales: en el Aneto se produjo una nueva fragmentación bajo el Pico del Medio, que se suma a la división ya registrada en 2025 bajo el Pico de Coronas, mientras que en Monte Perdido aparecieron nuevos afloramientos rocosos y su cuerpo inferior occidental muestra signos de degradación hacia hielo residual, según detalla Infobae. El glaciar de Ossoue, por su parte, no presenta movimiento apreciable desde hace varias temporadas, pese a que un glaciar activo debería fluir pendiente abajo, y la superficie de Llardana está muy cubierta de detritos rocosos, con una zona de acumulación mínima.
Xataka añade que los investigadores emplean ya drones para generar modelos tridimensionales de alta resolución que permiten comparar con precisión la evolución de cada glaciar año a año, una mejora metodológica respecto a las mediciones manuales previas.
El deterioro observado esta temporada se enmarca en una tendencia de fondo mucho más amplia: según el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático, citado por El Español, un inventario histórico calcula que en 1850 existían 93 glaciares en el Pirineo que ocupaban 2.388,7 hectáreas, frente a los pequeños cuerpos de hielo que sobreviven hoy en las cotas más altas, lo que supone una reducción de superficie del 94,5%. Un estudio internacional publicado en 2025 en la revista Annals of Glaciology, que analizó 12 de los 15 glaciares que aún subsisten, encontró además que entre 2020 y 2023 la superficie conjunta de esos cuerpos de hielo se redujo un 40%, con retroceso incluso en las zonas altas donde debería acumularse nieve.
Las proyecciones sobre cuándo desaparecerán por completo los glaciares pirenaicos han variado: durante años se situó esa fecha en torno a 2050, pero el estudio de 2025 en Annals of Glaciology adelanta esa previsión a 2034, según recogen tanto El Español como Xataka. Los investigadores advierten de que la pérdida total de estos glaciares representaría una transformación irreversible de un paisaje emblemático de alta montaña, con efectos sobre los ecosistemas de altura, el funcionamiento de los ríos pirenaicos y el patrimonio natural y cultural de la región.
Ninguna de las tres fuentes consultadas recoge declaraciones textuales atribuidas a investigadores concretos del IPE-CSIC o del Observatorio Pirenaico, limitándose a citar los resultados agregados de ambas campañas; tampoco fue posible acceder de forma directa a un boletín o comunicado primario publicado en una web institucional en el momento de escribir esta pieza, por lo que los datos numéricos se basan en la coincidencia entre los tres medios independientes consultados y no en el documento original del CSIC.
Estudios previos, incluido uno publicado en 2025 en Annals of Glaciology, ya habían advertido de una reducción del 40% de la superficie conjunta de los glaciares pirenaicos entre 2020 y 2023 y adelantado la fecha de desaparición completa de 2050 a 2034.
La tercera peor temporada de pérdidas desde 2012 confirma que el deterioro de los glaciares pirenaicos no es un episodio puntual, sino una tendencia sostenida que se acelera incluso en años con nevadas primaverales abundantes.
El adelanto de la fecha de desaparición total de 2050 a 2034, según el estudio de 2025, implica que el fenómeno podría completarse dentro de la próxima década, con consecuencias para los ecosistemas de alta montaña y el régimen hídrico de los ríos pirenaicos.
El grupo CryoPyr, del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), realiza mediciones anuales sistemáticas de los glaciares pirenaicos desde 2012; el glaciar de la Maladeta recibe además seguimiento de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
El Observatorio Pirenaico del Cambio Climático mantiene un inventario histórico que sitúa en 93 el número de glaciares existentes en 1850, frente a los 15 que aún conservan masa de hielo en la actualidad.
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