Pekín pide la revocación inmediata de la norma, que deja de reconocer desde el 1 de diciembre de 2028 a los laboratorios de pruebas y certificación radicados en China, y advierte de represalias si Washington sigue adelante.
El Ministerio de Comercio chino exige a Washington que revoque la decisión de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de dejar de reconocer a los laboratorios de pruebas y certificación radicados en China, y amenaza con represalias si la medida sigue adelante. Pekín pide la revocación inmediata de la norma, que deja de reconocer desde el 1 de diciembre de 2028 a los laboratorios de pruebas y certificación radicados en China, y advierte de represalias si Washington sigue adelante. En la práctica: La disputa afecta a fabricantes de electrónica y telecomunicaciones que dependen de laboratorios chinos para certificar productos destinados al mercado de EE.UU., y podría encarecer costes y alargar plazos de lanzamiento si las restricciones se mantienen hasta 2028.

Sede de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) en Washington D.C.
Foto: Ser Amantio di Nicolao / Wikimedia Commons · Licencia: CC BY 3.0 · Archivo original · Condiciones de la licencia
El Ministerio de Comercio de China exigió este viernes a Estados Unidos que revoque "de inmediato" las nuevas restricciones de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) sobre los laboratorios de pruebas, los organismos de certificación de telecomunicaciones y las entidades de acreditación radicados en China y en otras economías que Washington clasifica como "no reciprocas". La exigencia llega un día después de que la FCC aprobara formalmente la medida en una votación de la agencia reguladora.
Según informaron la agencia estatal Xinhua y el diario Global Times, un portavoz del ministerio expresó "fuerte descontento y firme oposición" a la decisión de la FCC, que a partir del 1 de diciembre de 2028 impedirá que los laboratorios radicados en China y otras economías "no reciprocas" realicen pruebas, certificaciones y labores de acreditación de dispositivos electrónicos destinados a obtener autorización para el mercado estadounidense. Hasta esa fecha, los fabricantes podrán seguir utilizando esos laboratorios, pero deberán buscar alternativas antes de que entre en vigor el veto.
Pekín sostiene que sus laboratorios ofrecen un "apoyo rentable" a la producción y el comercio mundial de electrónica de telecomunicaciones y manufactura inteligente, y advirtió de que la restricción "encarecerá las pruebas, alargará los plazos de entrega y desarrollo de productos y, en última instancia, perjudicará también a las empresas y consumidores estadounidenses" que dependen de esos dispositivos. El ministerio calcula que el cambio obligará a trasladar buena parte de la actividad de certificación a instalaciones dentro de Estados Unidos, con el consiguiente encarecimiento para los fabricantes.
El comunicado añade que Washington ha introducido restricciones de forma reiterada contra China "a pesar de las objeciones" de Pekín, en lo que el ministerio considera una violación de los consensos alcanzados entre los líderes de ambos países, y acusa a la FCC de forzar, por vía administrativa, el retorno de las actividades de certificación al territorio estadounidense. China ya había adoptado contramedidas en respuesta a restricciones anteriores de la FCC contra operadoras de telecomunicaciones chinas, lo que sitúa esta disputa como un nuevo capítulo de un pulso regulatorio que se prolonga desde hace varios años.
Según medios estadounidenses como Bloomberg y US News, China había propuesto previamente negociar un acuerdo bilateral de reconocimiento mutuo de laboratorios de pruebas y certificación, una vía que suele usarse entre países para evitar duplicar controles sobre un mismo producto. Pekín afirma, sin embargo, que "la actitud de la parte estadounidense ha sido extremadamente pasiva y negativa" en esas conversaciones, lo que habría llevado a la FCC a optar por la vía unilateral de excluir directamente a los laboratorios chinos del sistema de homologación.
El Ministerio de Comercio chino advirtió de que, si Washington "insiste en seguir su propio camino", Pekín "tomará las medidas necesarias para salvaguardar firmemente sus derechos e intereses legítimos", en lo que supone una nueva amenaza de represalias en la disputa comercial y tecnológica entre ambas potencias. El ministerio no detalló qué tipo de contramedidas concretas podría aplicar, pero las fuentes consultadas las enmarcan en la misma lógica de represalias recíprocas que China ha empleado en anteriores fricciones regulatorias con Washington.
La medida de la FCC se suma a una serie de restricciones previas de la agencia estadounidense contra operadoras y proveedores de telecomunicaciones chinos, que ya habían generado contramedidas por parte de Pekín, en un contexto de tensión comercial prolongada entre Washington y Pekín en los sectores tecnológico y de telecomunicaciones. Analistas citados por Bloomberg señalan que la decisión encaja en una estrategia más amplia de Washington para reducir la dependencia de infraestructuras críticas de telecomunicaciones de proveedores chinos.
Por el momento, la FCC no ha respondido públicamente a la exigencia china de revocar la norma, y no hay indicios de que Washington vaya a modificar el calendario de aplicación previsto para diciembre de 2028. La disputa queda así abierta, con Pekín insistiendo en la vía de la negociación bilateral y Washington manteniendo, de momento, el calendario de exclusión ya aprobado.
Esta exigencia se produce tras restricciones previas de la FCC a operadoras de telecomunicaciones chinas, que ya habían sido respondidas por Pekín con contramedidas en anteriores episodios de la disputa comercial bilateral.
La disputa afecta a fabricantes de electrónica y telecomunicaciones que dependen de laboratorios chinos para certificar productos destinados al mercado de EE.UU., y podría encarecer costes y alargar plazos de lanzamiento si las restricciones se mantienen hasta 2028.
La decisión de la FCC se enmarca en una política más amplia de Washington de restringir el papel de entidades chinas en infraestructuras y cadenas de suministro de telecomunicaciones, que en los últimos años ya ha afectado a operadoras y proveedores de equipos chinos en EE.UU.
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