El choque público entre Abascal y los candidatos del PP Álvarez de Toledo y Albiol destapa el temor de Vox a que la estrategia de Feijóo reste votos útiles frente a Sánchez de cara al 29-N.
En la cúpula de Vox crece la inquietud por ver en las listas del PP a perfiles combativos como Cayetana Álvarez de Toledo o Xavier García Albiol, a los que interpretan como un intento de arañar el voto ya convencido de Vox en vez de sumar al indeciso, a cinco semanas de las elecciones del 29 de noviembre. El choque público entre Abascal y los candidatos del PP Álvarez de Toledo y Albiol destapa el temor de Vox a que la estrategia de Feijóo reste votos útiles frente a Sánchez de cara al 29-N. En la práctica: El episodio evidencia que, a cinco semanas de las elecciones generales, PP y Vox compiten simultáneamente por el mismo electorado de centro-derecha mientras negocian una alianza instrumental en el Senado, lo que puede condicionar tanto el resultado del 29-N como la gobernabilidad posterior.

Santiago Abascal, presidente de Vox, en un desayuno informativo en Madrid (enero de 2026).
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El primer choque público de la campaña entre PP y Vox se produjo el pasado 25 de octubre, horas antes de que expirara el plazo para presentar las candidaturas al Senado. Santiago Abascal respondió en su cuenta de X a dos entrevistas publicadas ese mismo día: la de Cayetana Álvarez de Toledo, número dos del PP por Madrid, en El Mundo, y la de Xavier García Albiol, número uno por Barcelona, en La Razón. Abascal escribió que el PP volvía a los "argumentos falaces de julio de 2023" y añadió que "solamente el creciente apoyo a VOX garantiza la alternativa" frente a Pedro Sánchez, una frase reproducida de forma idéntica por Moncloa.com y Libertad Digital.
La tensión no es anecdótica dentro de Vox. Según recoge Público citando a varias fuentes del partido, en la dirección liderada por Abascal preocupa que el mensaje de Feijóo esté dirigido a disputar el electorado que ya vota a Vox en lugar de atraer al votante descontento con el PSOE todavía indeciso. Una fuente del partido resume su desconcierto con una frase tajante: "No sé a qué juegan". Otra, citada por el mismo diario, va más allá: "Deberían buscar el centro, pero eligen competir contra nosotros".
Esas fuentes de Vox contraponen la estrategia de Feijóo con la seguida por María Guardiola en la campaña autonómica de Extremadura en diciembre de 2025, episodio que citan como modelo de diferenciación que, según su lectura, logró ampliar la suma del bloque de centro-derecha hasta cerca del 60% de los votos sin invadir el espacio electoral de Vox. "María Guardiola sí lo supo entender, pero Feijóo parece que no", sostiene una de esas fuentes. El propio entorno de Abascal zanja la comparación de forma más tajante: "No creo que les sea muy útil" la estrategia de fichar a perfiles combativos como Álvarez de Toledo o Albiol si el objetivo es sumar votos nuevos y no solo repartir los ya existentes.
Desde el PP, la lectura es distinta. Álvarez de Toledo ha respondido públicamente a las críticas de Vox acusando al partido de Abascal de beneficiar objetivamente a Sánchez con la división del voto de centro-derecha, llegando a afirmar que "empiezo a pensar que prefiere que siga Sánchez". Albiol, por su parte, ha defendido en La Razón una posición de apertura hacia una eventual coalición, asegurando que "no me da miedo gobernar con Vox", un matiz que contrasta con el tono más combativo que Vox atribuye a ambos candidatos en sus intervenciones sobre inmigración y orden público. El propio Feijóo ha insistido en que su adversario no es Vox: "Vox no es nuestro enemigo, no es nuestro adversario. Nuestro adversario son las políticas de Sánchez y sus socios", declaró en su primer acto de precampaña, en el que también afirmó que "al final, todo se sabrá" sobre el Gobierno de Sánchez.
El trasfondo del cruce de acusaciones es, además, práctico: PP y Vox negocian en paralelo, a través de Miguel Tellado y Montse Lluis, un reparto de candidaturas al Senado que permita a ambos partidos sumar los tres quintos necesarios para controlar la renovación del Tribunal Constitucional si la suma de escaños lo permite tras el 29 de noviembre. Esa negociación, que convive con el choque dialéctico, mantiene en vigor el pacto de no agresión que ambas formaciones sostienen desde 2023, pese a que las entrevistas de Álvarez de Toledo y Albiol reabrieron públicamente las diferencias de fondo sobre cómo repartirse el electorado de la derecha.
El contexto de sondeos ayuda a explicar la inquietud de Vox. Según datos citados por Público, el barómetro del CIS sitúa a Vox en el 17,1% de intención de voto, mientras que encuestas de la empresa Sigma Dos lo colocan como segunda fuerza en las comunidades de Madrid y Murcia, y como tercera fuerza en Cataluña y Andalucía. Se trata de estimaciones de empresas demoscópicas privadas, no de resultados oficiales ni de un sondeo encargado por los propios partidos, y ni el PP ni Vox han aportado datos internos que cuantifiquen cuánto voto se mueve realmente entre ambos bloques de cara al 29-N.
La disputa se produce, además, en un clima de campaña ya marcado por otros frentes de tensión entre los dos partidos y con el PSOE, en el que Miguel Tellado ha amplificado en redes sociales contenidos de medios afines sobre un supuesto vínculo entre el narcotráfico y el entorno del Gobierno, según recoge Público, mientras Feijóo ha calificado en sus intervenciones a parte de la inmigración irregular llegada por mar desde Marruecos como "invasores", un lenguaje que, pese a su dureza, Vox sigue considerando insuficiente para diferenciarse realmente de su propio discurso migratorio.
Queda por ver si la disputa es una fricción táctica de precampaña, propia de unas listas que buscan diferenciarse ante el mismo electorado, o si anticipa una competencia más profunda entre PP y Vox de cara al 29-N. Ni el PP ni Vox han cuantificado públicamente cuánto voto se mueve entre ambos bloques, y ninguna de las fuentes consultadas por los distintos medios ofrece datos de sondeos propios que sustenten sus respectivas lecturas: por ahora se trata, sobre todo, de una disputa de interpretaciones políticas y de estrategia electoral, no de cifras contrastadas por ninguna de las dos formaciones.
En julio de 2023, tras las elecciones generales, Vox y PP mantuvieron un pulso similar sobre el reparto del electorado de derechas, al que Abascal alude directamente en su mensaje del 25 de octubre de 2026.
En diciembre de 2025, María Guardiola (PP) lideró en Extremadura una campaña que fuentes de Vox citan como modelo de diferenciación que amplió el bloque de centro-derecha sin competir directamente por el electorado de Vox.
El episodio evidencia que, a cinco semanas de las elecciones generales, PP y Vox compiten simultáneamente por el mismo electorado de centro-derecha mientras negocian una alianza instrumental en el Senado, lo que puede condicionar tanto el resultado del 29-N como la gobernabilidad posterior.
El pacto de no agresión entre PP y Vox data de 2023.
La negociación actual sobre el Senado busca una mayoría de tres quintos para la renovación del Tribunal Constitucional, independiente del resultado en el Congreso.
Según el barómetro del CIS citado por Público, Vox se sitúa en el 17,1% de intención de voto; Sigma Dos lo coloca segundo en Madrid y Murcia y tercero en Cataluña y Andalucía.
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