El Likud denuncia una presunta financiación catarí a partidos árabes para "robar" los comicios; Qatar lo niega y la oposición acusa a Netanyahu de deslegitimar el resultado.
Con casi el 90% de los votos escrutados, el bloque de Netanyahu y el de su rival Gadi Eisenkot quedan lejos de la mayoría. El Likud denuncia sin pruebas públicas una "elección robada" financiada por Qatar y Turquía; Doha lo califica de "campaña de desinformación" y la autoridad electoral israelí descarta fraude sistemático. El Likud denuncia una presunta financiación catarí a partidos árabes para "robar" los comicios; Qatar lo niega y la oposición acusa a Netanyahu de deslegitimar el resultado. En la práctica: El choque entre el bloque de Netanyahu y la oposición por la legitimidad del resultado, sumado a la ausencia de mayoría para cualquiera de los dos grandes bloques, puede alargar la formación de gobierno.

Benjamin Netanyahu, primer ministro en funciones de Israel, en una imagen de archivo. Foto: Jack Sanders / Departamento de Defensa de EE.UU. (Wikimedia Commons, CC BY 2.0).
Foto: Jack Sanders / U.S. Secretary of Defense (Wikimedia Commons) · Licencia: CC BY 2.0 · Archivo original · Condiciones de la licencia
Israel afronta semanas de incertidumbre política después de que el escrutinio de las elecciones legislativas del 27 de octubre no arrojara un ganador claro. Con cerca del 90% de las papeletas contadas, el bloque de derecha liderado por el primer ministro Benjamin Netanyahu suma 53 escaños, el de la oposición encabezado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot obtiene 48, y las listas árabes —Ra'am y la Lista Conjunta— alcanzan un total de 19, según el recuento recogido por Al Jazeera. Ninguno de los dos grandes bloques llega a los 61 diputados necesarios para gobernar en solitario en la Knesset de 120 escaños, y aún quedan por procesar más de 500.000 papeletas de voto doble (militares, diplomáticos y presos).
En ese contexto, el partido de Netanyahu, Likud, ha denunciado públicamente que la elección fue "robada" por los partidos árabes, a los que acusa de haber cometido "delitos electorales graves", y afirma haber trasladado a la policía y al Shin Bet, el servicio de seguridad interior, "cientos de testimonios y pruebas" de supuesto fraude, según recoge Al Jazeera. La acusación se ha ampliado en los últimos días para apuntar directamente a una presunta financiación exterior: medios cercanos al Likud sostienen que Qatar —y, en menor medida, Turquía— habría costeado campañas de movilización del voto árabe para favorecer a esas listas, informa Infobae a partir de agencias.
El diario The Jerusalem Post detalla que el Shin Bet investiga desde hace días si entidades extranjeras, posiblemente cataríes o turcas, canalizaron dinero para influir en la participación de las comunidades árabes. La pesquisa se abrió por directriz del presidente del Comité Electoral Central, el juez Noam Sohlberg, y pasó de una fase encubierta a una activa tras reunir lo que las fuentes citadas por el Post describen como "información sólida"; se espera que concluya en los próximos días. El propio canal público KAN News ha matizado, no obstante, que aunque se confirmaran las sospechas de interferencia, la magnitud de la actividad no habría sido suficiente para alterar el resultado final.
Qatar ha negado la acusación de forma tajante. El portavoz de su Ministerio de Exteriores, Majed al Ansari, afirmó que su país "rechaza categóricamente las acusaciones de que Qatar haya interferido en las elecciones israelíes o financiado actividades destinadas a influir en sus resultados", y calificó la denuncia de "ridícula y peligrosa a la vez", enmarcándola en lo que llamó una "campaña de desinformación" orquestada por "ciertos políticos israelíes y sus contactos en los medios", según recogen Al Jazeera e Infobae. Al Ansari sostuvo que Qatar no debería servir de chivo expiatorio de los reveses políticos internos israelíes.
Las propias autoridades electorales israelíes han restado respaldo oficial a la versión del Likud. Dean Livine, director en funciones del Comité Electoral Central, rechazó las denuncias de interferencia extranjera y afirmó que la votación "se desarrolló conforme a la ley", con la integridad del proceso "rigurosamente salvaguardada", según Al Jazeera. Ni el Comité ni el Shin Bet han confirmado públicamente, hasta la fecha de esta publicación, la existencia de fraude sistemático alguno.
La reacción de la oposición ha sido frontal. Gadi Eisenkot acusó a Netanyahu y al Likud de haber preparado de antemano sus declaraciones y filtraciones para "deslegitimar" un resultado que los deja sin mayoría, y advirtió de que no permitirá "que la constitución de la Knesset se retrase ni un centímetro" respecto a la fecha prevista, según recoge The Jerusalem Post. Eisenkot llegó a ironizar sobre la acusación contra Qatar, afirmando que "celebra que Netanyahu condene por fin la implicación catarí en el Estado de Israel", en alusión al papel de Doha como mediador en las negociaciones de rehenes con Hamás durante la guerra de Gaza.
Las listas árabes, señaladas directamente por el Likud, han rechazado igualmente las acusaciones y las han descrito como un intento de deslegitimar el peso político que han ganado en estas elecciones, su mejor resultado histórico combinado. Ra'am y la Lista Conjunta llegan a esta negociación de coalición como un bloque con capacidad de bloqueo, lo que explica en parte por qué sus críticos han concentrado en ellas el foco de la denuncia de financiación exterior, según el análisis de Al Jazeera sobre la campaña contra Qatar.
El pulso electoral se interpreta mayoritariamente como un referéndum sobre la gestión de Netanyahu de los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, la posterior guerra en Gaza y las operaciones militares en Líbano e Irán. Netanyahu seguirá como primer ministro en funciones mientras se negocia una coalición; el presidente Isaac Herzog tiene previsto iniciar consultas con los líderes de los partidos una vez se publiquen los resultados oficiales definitivos, en un proceso que, según las previsiones recogidas por la prensa internacional, podría prolongarse varias semanas.
La disputa sobre la legitimidad del resultado llega además en un momento de fricción previa entre Netanyahu y Doha: el propio primer ministro había acusado reiteradamente a Qatar de "jugar a dos bandas" como mediador en las negociaciones de rehenes durante la guerra de Gaza, lo que la oposición y analistas citados por Al Jazeera interpretan como el trasfondo político que ha facilitado trasladar ese enfrentamiento bilateral al terreno estrictamente electoral interno.
A la espera de ese cierre oficial del escrutinio y de las conclusiones del Shin Bet, varios puntos permanecen sin resolver: no se ha hecho pública ninguna prueba documental de la supuesta financiación catarí o turca; no está confirmado si el Comité Electoral o el Shin Bet emitirán una conclusión formal antes de que avance la negociación de coalición; y tampoco se ha aclarado qué peso tendrán, si alguno, las acusaciones del Likud en la validez jurídica del resultado. Esta información se actualizará a medida que se publiquen el escrutinio definitivo y, en su caso, las conclusiones de la investigación de seguridad.
Netanyahu y dirigentes del Likud ya habían acusado repetidamente a Qatar de "jugar a dos bandas" en la mediación de rehenes durante la guerra de Gaza, antes de que la disputa se trasladara ahora al terreno electoral interno.
El choque entre el bloque de Netanyahu y la oposición por la legitimidad del resultado, sumado a la ausencia de mayoría para cualquiera de los dos grandes bloques, puede alargar la formación de gobierno.
La disputa tensa aún más la relación de Israel con Qatar, mediador clave en las negociaciones de rehenes y en los esfuerzos de tregua en Gaza.
La votación se celebró en un clima dominado por el balance de la guerra de Gaza iniciada tras los atentados del 7 de octubre de 2023 y las posteriores campañas militares en Líbano e Irán.
Las listas árabes lograron su mejor resultado histórico, con 19 escaños combinados, lo que las convierte en actor decisivo para cualquier mayoría en la Knesset.
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