La Comisión Electoral Central israelí ha solicitado al Shin Bet que investigue sospechas de financiación extranjera, presuntamente de Catar, para elevar la participación árabe en los comicios. Catar y la Policía israelí niegan las acusaciones.
El presidente de la Comisión Electoral Central, el juez Noam Sohlberg, ha pedido al servicio de inteligencia interior que investigue sospechas de fondos extranjeros destinados a elevar la participación árabe, en medio de un resultado ajustado que deja a Israel sin un bloque con mayoría clara. La Comisión Electoral Central israelí ha solicitado al Shin Bet que investigue sospechas de financiación extranjera, presuntamente de Catar, para elevar la participación árabe en los comicios. Catar y la Policía israelí niegan las acusaciones. En la práctica: La petición de investigación no cuestiona formalmente el resultado electoral, pero añade presión política a unas negociaciones de coalición ya complicadas por la falta de mayoría clara.

La Knesset, sede del parlamento israelí en Jerusalén.
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La Comisión Electoral Central (CEC) de Israel pidió este jueves al Shin Bet, el servicio de inteligencia interior, que investigue denuncias de una posible "injerencia extranjera" en las elecciones legislativas celebradas el martes, en las que ningún bloque logró la mayoría de 61 escaños en la Knesset de 120 asientos, según las primeras cifras recogidas por la prensa israelí e internacional.
El presidente de la CEC, el juez del Tribunal Supremo Noam Sohlberg, remitió una carta al jefe del Shin Bet, David Zini, en la que, según citan Publico.es y The Jerusalem Post, afirmó que se le habían presentado "sospechas serias de una influencia indebida en las elecciones mediante financiación extranjera de entidades que actúan contra los intereses israelíes". Sohlberg añadió, según la misma carta, que "una elección comprada distorsiona y desvirtúa los fundamentos mismos de la existencia democrática auténtica", y pidió respuestas en un plazo de una semana.
Las sospechas apuntan, de acuerdo con la reconstrucción de medios israelíes e internacionales como ABC News (Australia) y The Jerusalem Post, a presuntos fondos procedentes de Catar y, según algunas informaciones, también de Turquía, que habrían tenido como objetivo incrementar la participación de las comunidades árabes de Israel en los comicios. La formación Raam y otras listas árabes registraron un notable repunte de apoyo respecto a convocatorias anteriores, un dato que el Likud de Benjamín Netanyahu y sus aliados han utilizado para cuestionar la legitimidad del resultado.
Netanyahu y dirigentes del Likud llegaron a hablar de sobres con dinero en metálico junto a papeletas y de presunto fraude de identidad en centros de votación de mayoría árabe, acusaciones que, según recoge ABC News citando fuentes policiales, la Policía israelí calificó de "sin fundamento": un portavoz policial afirmó que "no existen pruebas" que respalden la denuncia de que partidos árabes hubieran intentado "robar las elecciones", y que la jornada electoral se desarrolló "con muy pocos incidentes que afectaran a la integridad del proceso, incluso en comparación con elecciones anteriores".
Catar rechazó de forma categórica cualquier implicación. El portavoz de su Ministerio de Asuntos Exteriores, Majed Al Ansari, calificó las acusaciones de "ridículas y peligrosas por igual", según la cita recogida por ABC News. Doha ya había sido objeto de denuncias similares en el pasado por parte de sectores del Likud, en el marco de lo que la prensa israelí conoce como el "caso Qatargate" o "Qatari connection affair", sin que hasta ahora se hayan presentado cargos firmes relacionados con financiación electoral directa.
El líder de la oposición, Gadi Eisenkot, presidente del partido Yashar, acusó a Netanyahu de emprender una "campaña organizada para deslegitimar" el resultado electoral, según recoge The Jerusalem Post. Eisenkot sostuvo que el Likud preparó sus declaraciones de antemano y que recurre a ellas porque perdió la mayoría en la Knesset, y afirmó: "No permitiré que la constitución de la Knesset se retrase ni un centímetro respecto a la fecha prevista". El exprimer ministro Yair Lapid, por su parte, aseguró que "no existe riesgo ni cuestionamiento alguno sobre los resultados electorales", una valoración que coincide con la de un responsable de la propia Comisión Electoral citado por The Jerusalem Post, que señaló que, incluso si las sospechas de injerencia se confirmaran, no habrían alterado el resultado final.
El Shin Bet, cuyo director aseguró el propio día de la votación que los comicios se estaban desarrollando "de manera adecuada y ejemplar" y con una alta participación, no ha publicado hasta el momento conclusiones sobre la investigación abierta a petición de Sohlberg. Varios medios israelíes han vinculado las pesquisas con la unidad policial Lahav 433, especializada en delitos graves y corrupción, aunque esta vinculación no ha sido confirmada de forma independiente por fuente primaria alguna accesible públicamente en el momento de esta publicación.
El episodio se produce en un contexto político ya tensionado por semanas de negociaciones previstas para la formación de gobierno, dado que ni el bloque liderado por Netanyahu ni el bloque opositor de Eisenkot reúnen por sí solos los 61 escaños necesarios. La Knesset deberá constituirse en los próximos días, y la resolución —o no— de las sospechas de financiación extranjera antes de esa fecha podría condicionar el clima de las negociaciones de coalición, aunque ningún actor institucional citado hasta ahora, incluida la propia CEC, ha planteado la posibilidad de anular o repetir la votación.
El propio caso 'Qatargate' al que remiten varios analistas israelíes se refiere a una investigación abierta en 2022-2023 sobre presuntos pagos de Catar a asesores de comunicación cercanos al entorno de Netanyahu para mejorar la imagen del país del Golfo en Israel, un asunto judicial distinto del que ahora se investiga pero que ha sido citado repetidamente por la prensa israelí como antecedente de la desconfianza hacia la financiación catarí de actores políticos. Ningún tribunal israelí ha dictado hasta la fecha una condena firme relacionada con financiación electoral extranjera directa, lo que obliga a tratar las nuevas sospechas como una línea de investigación abierta y no como un hecho probado.
Analistas consultados por medios israelíes subrayan que, incluso si el Shin Bet confirmara la existencia de fondos extranjeros destinados a campañas de movilización del voto árabe, la magnitud necesaria para alterar el resultado final —dado el margen de varios escaños entre bloques— sería difícil de demostrar, lo que explica por qué tanto la Comisión Electoral como figuras de la oposición han insistido en separar la necesidad de investigar de cualquier cuestionamiento de la legitimidad del resultado. La investigación del Shin Bet, de confirmarse su vínculo con la unidad Lahav 433, se desarrollará en paralelo a las negociaciones de coalición, sin que exista hasta ahora un plazo público distinto de la semana solicitada por Sohlberg para una primera respuesta.
Es la segunda vez en los últimos años que la Comisión Electoral israelí solicita formalmente una investigación de inteligencia sobre presunta financiación extranjera de un proceso electoral, tras denuncias similares, no confirmadas judicialmente, vinculadas a Catar en controversias previas.
La petición de investigación no cuestiona formalmente el resultado electoral, pero añade presión política a unas negociaciones de coalición ya complicadas por la falta de mayoría clara.
El episodio reabre el debate sobre la financiación exterior de la política israelí y sobre el papel del voto árabe en la futura composición de la Knesset.
Las acusaciones de injerencia catarí no son nuevas: el llamado 'caso Qatargate' ya había generado controversia en Israel por presuntos pagos a asesores cercanos a Netanyahu.
El repunte de participación árabe, atribuido por analistas a la movilización frente al propio discurso del Likud, es el elemento que ahora se investiga como posible efecto de financiación exterior.
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