La primera ministra Sanae Takaichi planteará a Friedrich Merz en Tokio que Bruselas extienda a los vehículos japoneses las ventajas reservadas a los eléctricos "hechos en Europa", después de que Berlín y París estrecharan esa etiqueta el 16 de octubre.
El canciller alemán viaja a Tokio el 28 de octubre en plena tensión por el nuevo estándar europeo "Made in Europe", que deja fuera de las ayudas a los eléctricos a los vehículos fabricados en Japón o Corea del Sur. La primera ministra Sanae Takaichi planteará a Friedrich Merz en Tokio que Bruselas extienda a los vehículos japoneses las ventajas reservadas a los eléctricos "hechos en Europa", después de que Berlín y París estrecharan esa etiqueta el 16 de octubre. En la práctica: Si el criterio franco-alemán se traslada sin cambios a la legislación comunitaria, los eléctricos ensamblados en Japón quedarían sin acceso a subvenciones, ventajas fiscales y preferencias en compra pública dentro de la UE.

Sanae Takaichi y Friedrich Merz conversan en una reunión de 2025. Imagen de archivo de la Oficina de Relaciones Públicas del Gabinete japonés; no muestra la negociación europea de 2026.
Foto: Cabinet Public Affairs Office (Japón) · Licencia: CC BY 4.0 · Archivo original · Condiciones de la licencia
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, pedirá al canciller alemán, Friedrich Merz, que la Unión Europea extienda a los vehículos fabricados en Japón el trato preferente que su normativa reserva a los coches eléctricos "hechos en Europa", según informó Nikkei Asia. El encuentro está previsto para el miércoles 28 de octubre en Tokio, en el marco de la visita oficial del jefe del Ejecutivo alemán al país asiático, que según Seoul Economic Daily incluirá también conversaciones sobre cooperación en seguridad de la inteligencia artificial y sobre una posible participación alemana en el programa de caza de combate Global Combat Air Programme.
La petición llega después de que Alemania y Francia anunciaran el 16 de octubre un marco conjunto, redactado al amparo del Industrial Accelerator Act de la UE, que endurece el criterio de "fabricado en Europa" para el automóvil eléctrico. Según recoge Seoul Economic Daily, ese acuerdo restringe el trato preferente a los 27 Estados miembros y a determinados socios europeos presentes en el mercado comunitario antes del 1 de enero de 2020, lo que excluye de las ayudas y de las preferencias en compra pública a los vehículos producidos en Japón, Corea del Sur y otros terceros países.
El Ministerio de Economía japonés admite, según la misma fuente, que "será difícil revertir el acuerdo germano-francés en sí mismo", por lo que Tokio centrará su presión diplomática en la fase de negociación tripartita entre la Comisión Europea, el Parlamento y el Consejo, donde el texto aún puede matizarse antes de su aprobación definitiva.
La industria nipona, agrupada en la patronal JAMA —que integra a Toyota, Nissan, Honda, Mazda, Mitsubishi, Subaru y Suzuki—, sostiene que la etiqueta de "coche limpio" no debería depender de dónde se ensambla el vehículo o de dónde procede la batería, según recogió Motor16. Japón argumenta además que fabricantes como Toyota mantienen desarrollos conjuntos con la industria alemana desde hace años, y advierte de que una exclusión del nuevo marco podría dañar esa cooperación industrial bilateral.
El trasfondo de la disputa es la rápida expansión de las marcas chinas en el mercado europeo: BYD, MG y Chery han multiplicado sus matriculaciones en los últimos dos años, mientras los fabricantes japoneses, que durante años apostaron por el híbrido convencional antes que por el eléctrico puro, llegan con menos volumen al segmento 100% eléctrico. Berlín y París defienden el nuevo estándar como una herramienta para proteger la industria comunitaria frente a China, pero Tokio reclama que esa protección no termine penalizando también a un socio con el que Europa no mantiene ningún litigio comercial.
Para Japón, el riesgo no es solo comercial sino industrial: fabricantes como Toyota y Honda desarrollan desde hace años proyectos conjuntos de baterías y plataformas eléctricas con proveedores alemanes, y Tokio teme que una exclusión prolongada del trato preferente europeo enfríe esa colaboración precisamente cuando ambas industrias compiten con el mismo rival chino. El desenlace de las negociaciones en el Parlamento Europeo y el Consejo, previsiblemente en los próximos meses, determinará si el criterio franco-alemán se endurece, se flexibiliza para socios como Japón o se mantiene sin cambios en su redacción actual.
Japón y Alemania firmaron en 2024 acuerdos de cooperación en seguridad para la región indopacífica, en paralelo a unos vínculos industriales ya consolidados entre sus respectivos fabricantes de automóviles.
Ambas industrias mantienen desarrollos conjuntos desde hace más de una década, en un contexto de creciente presión regulatoria de la UE frente a la irrupción de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos desde 2022.
Si el criterio franco-alemán se traslada sin cambios a la legislación comunitaria, los eléctricos ensamblados en Japón quedarían sin acceso a subvenciones, ventajas fiscales y preferencias en compra pública dentro de la UE.
Eso encarecería la posición de marcas como Toyota, Nissan o Honda frente a los modelos fabricados en territorio comunitario, incluidos los que marcas chinas ya montan en fábricas europeas para esquivar los aranceles.
El marco llega en un momento de fuerte avance de las marcas chinas en Europa y de revisión del calendario de fin de la venta de motores de combustión en 2035, lo que ha intensificado la presión de Bruselas, Berlín y París por reforzar la competitividad de la industria del automóvil europea frente a la competencia asiática.
El nuevo estándar se redacta al amparo del Industrial Accelerator Act de la UE y restringe el trato preferente a los 27 Estados miembros y a socios europeos presentes en el mercado comunitario antes del 1 de enero de 2020, dejando fuera a terceros países como Japón o Corea del Sur.
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