La acampada que ocupa la plaza madrileña desde el 26 de septiembre entra en su fase final: una comisión política redacta un manifiesto de desescalada mientras el movimiento se traslada a los barrios antes de la huelga general del 11 de noviembre.
La acampada por el derecho a la vivienda instalada en el corazón de Madrid cumple un mes de existencia. Entre comedores comunitarios, una biblioteca y una enfermería, sus impulsores debaten ahora cómo poner fin a la ocupación sin perder la fuerza de un movimiento que ha llegado hasta el calendario electoral. La acampada que ocupa la plaza madrileña desde el 26 de septiembre entra en su fase final: una comisión política redacta un manifiesto de desescalada mientras el movimiento se traslada a los barrios antes de la huelga general del 11 de noviembre. En la práctica: El campamento ha mantenido la crisis de la vivienda en el centro del debate político a un mes de las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre, y ha catalizado una huelga general convocada para el 11 de noviembre.

La acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol de Madrid, fotografiada el 30 de septiembre de 2026.
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Un mes después de que decenas de tiendas de campaña ocuparan la Puerta del Sol, el campamento por la vivienda sigue en pie en el centro de Madrid, aunque ya discute abiertamente su final. "Hasta que cambien las cosas" es el lema que sus participantes repiten desde el 26 de septiembre, cuando la plaza se llenó tras una multitudinaria manifestación convocada por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos. Según el propio sindicato, la acampada llegó a reunir 1.248 tiendas el 30 de septiembre, y se ha dotado de comedor comunitario, biblioteca, un taller de reparación de material y una enfermería atendida por sanitarios voluntarios.
El origen del movimiento está en el desahucio de Maricarmen Abascal, una vecina de 87 años con un 50% de discapacidad reconocida, expulsada el 23 de septiembre del piso de alquiler del barrio de Retiro en el que había vivido durante décadas. Abascal murió quince días después, el 7 de octubre, un desenlace que los organizadores y varios medios vincularon directamente a las consecuencias del desalojo y que disparó la indignación que llenó la plaza. El Sindicato de Inquilinas bautizó sus reivindicaciones como "Decreto Maricarmen": freno a los desahucios, control de precios de alquiler y renovación automática de contratos, entre otras medidas.
El calendario político ha acelerado la relevancia de la protesta. El 2 de octubre el Congreso rechazó los decretos de vivienda impulsados por el Gobierno, y el presidente Pedro Sánchez convocó elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre. Los principales sindicatos, por su parte, han llamado a una huelga general el 11 de noviembre, la primera en casi quince años, a la que se han sumado sectores como educación y sanidad en solidaridad con las demandas de vivienda. La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, y otros responsables del Ayuntamiento de Madrid han criticado la acampada por su impacto en el comercio del centro y en la imagen de la ciudad.
Lejos de disolverse de golpe, la asamblea del campamento votó el 15 de octubre continuar sin fecha de fin fijada, pero en las últimas semanas una comisión política ha comenzado a redactar un manifiesto para organizar una desescalada gradual y consensuada, con un acto simbólico de cierre todavía sin fecha. La idea, según relatan participantes citados por la prensa española, es trasladar la energía de la plaza a los barrios y a los sindicatos vecinales antes de la huelga de noviembre, replicando la lógica de descentralización que ya se ha extendido a otras ciudades españolas y a Portugal.
"Me meteré en el sindicato de mi barrio, creo que tenemos que llevarnos la acampada a nuestras calles", resume Alejandra, una de las estudiantes que baraja abandonar la plaza en las próximas semanas, en declaraciones recogidas por Público. Con el horizonte electoral del 29 de noviembre y la huelga general del 11 de noviembre como próximas citas, el futuro del campamento de Sol dependerá de si el movimiento logra mantener su capacidad de presión fuera de la plaza que le dio origen.
La acampada se instaló la noche del 26 de septiembre de 2026 tras una manifestación masiva y se ha mantenido ocupando la Puerta del Sol desde entonces, extendiendo su influencia a movilizaciones en otras ciudades españolas y en Portugal.
El campamento ha mantenido la crisis de la vivienda en el centro del debate político a un mes de las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre, y ha catalizado una huelga general convocada para el 11 de noviembre.
La protesta surgió tras el desahucio y posterior muerte de una vecina de 87 años en el barrio de Retiro, y está impulsada principalmente por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos, que reclama un paquete de medidas bautizado como "Decreto Maricarmen".
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