El presidente Luiz Inácio Lula da Silva remontó una derrota en primera vuelta para vencer al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, quien ahora anuncia que pedirá la anulación de la votación por la prórroga del horario de las urnas.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) declaró ganador de la segunda vuelta presidencial a Luiz Inácio Lula da Silva, con el 51,75% de los votos frente al 48,25% del senador Flávio Bolsonaro, quien anunció horas después que pedirá la anulación de la votación por la prórroga del horario de las urnas, una medida que su propia campaña había solicitado en parte y que verificadores de hechos consideran sin pruebas de fraude. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva remontó una derrota en primera vuelta para vencer al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, quien ahora anuncia que pedirá la anulación de la votación por la prórroga del horario de las urnas. En la práctica: La victoria de Lula asegura la continuidad del PT en el Ejecutivo brasileño por un cuarto mandato y frena, al menos en el plano electoral, el avance del bolsonarismo liderado ahora por la nueva generación familiar, con implicaciones para la política exterior y económica de la mayor economía de América Latina.

Luiz Inacio Lula da Silva and Juan Manuel Santos
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Luiz Inácio Lula da Silva fue declarado ganador de la segunda vuelta presidencial de Brasil del domingo 25 de octubre de 2026, según el resultado oficial del Tribunal Superior Electoral (TSE), que con el 99,77% de las secciones escrutadas le atribuyó el 51,75% de los votos válidos frente al 48,25% del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. El TSE declaró formalmente la victoria hacia las 21:47, hora de Brasilia, con una ventaja de más de 4,3 millones de votos, según confirmaron CNBC y NPR.
El resultado representa una remontada histórica: Lula había llegado segundo en la primera vuelta, por detrás de Flávio Bolsonaro, lo que convierte a esta elección en la primera desde el retorno de las elecciones directas en Brasil en 1989 en la que un candidato gana el balotaje después de haber perdido la primera ronda, de acuerdo con el análisis recogido por NPR y CNBC. Ese dato histórico fue subrayado por ambos medios como un hecho sin precedentes en la serie democrática brasileña moderna, que arrancó tras el fin de la dictadura militar.
Horas después de conocerse el resultado, Flávio Bolsonaro compareció en una conferencia de prensa descrita como caótica e improvisada y anunció que pedirá la anulación de la segunda vuelta. "Es imposible reconocer el resultado" en esas condiciones, afirmó, y añadió: "No aceptaré que las reglas del juego hayan cambiado arbitrariamente, una vez más, por los amigos de Lula en el Tribunal Supremo Federal", según recogieron Infobae y La República. El senador atribuyó su rechazo principalmente a la prórroga de dos horas en el horario de votación ordenada por el magistrado Cristiano Zanin, a quien acusó de parcialidad por haber sido anteriormente abogado personal de Lula, y denunció además la salida de observadores de su partido de la sala de seguridad durante el escrutinio.
La prórroga, sin embargo, respondió en primer lugar a una solicitud presentada por la propia campaña de Lula ante la reducción de hasta un 40% del transporte público en São Paulo y Bahía, regiones de fuerte presencia electoral del PT, a la que se sumó horas después una petición separada de la candidatura de Bolsonaro para extender la votación en 17 municipios de São Paulo, Paraná y Santa Catarina afectados por fuertes lluvias, según el detalle reconstruido por El Cronista. El propio presidente del TSE, Kassio Nunes Marques, calificó la medida como inédita -"nunca en la historia del TSE hubo prórroga alguna", declaró- y reconoció que generó problemas operativos, técnicos y de seguridad, incluida la mayor fila de boletines de urna jamás registrada en el tribunal, aunque sostuvo que la extensión solo se aplicó a los centros que aún permanecían abiertos a las 17:00 horas y que no alteró el cómputo de los votos.
Ninguna de las fuentes consultadas reportó, al cierre de esta actualización, una resolución formal del TSE sobre una eventual petición de anulación, ni una respuesta pública directa de la campaña de Lula a las acusaciones de Bolsonaro. Analistas jurídicos citados por Bloomberg consideran que la vía de anulación es, por ahora, una apuesta de largo alcance, ya que tanto el TSE como ambas cámaras del Congreso brasileño ya han reconocido el resultado, y la propia campaña de Bolsonaro había solicitado independientemente una ampliación horaria en otros estados por motivos distintos a los que ahora cuestiona.
Una verificación de las agencias de chequeo Chequeado y Agência Lupa, realizada de forma independiente a las demás fuentes consultadas, concluyó que las acusaciones de "golpe de Estado" y "fraude electoral" difundidas por simpatizantes de Bolsonaro en torno a la prórroga horaria carecen de pruebas: el magistrado Zanin fue asignado al caso por sorteo y no de forma discrecional, la medida benefició potencialmente a ambas campañas por igual, y la propia candidatura de Bolsonaro solicitó la extensión en al menos cinco estados por lluvias y problemas de transporte, sin que el propio Flávio Bolsonaro cuestionara públicamente esa decisión mientras su equipo la gestionaba en paralelo. Ese hallazgo no invalida por sí solo el posterior anuncio de Bolsonaro de recurrir por vía judicial, pero sitúa en un contexto de hechos verificados el relato de irregularidad que acompañó su rechazo del resultado, y marca la distinción central entre la alegación política y la evidencia disponible hasta el cierre de esta actualización.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también se pronunció sobre la disputa y trazó un paralelismo con las elecciones estadounidenses de 2020, al afirmar que el entorno de Bolsonaro "aplicó el manual de Biden", según recogió La República; el mandatario estadounidense no aportó pruebas que respaldaran esa comparación ni detalló a qué irregularidad concreta se refería, por lo que esta columna lo trata como una opinión política y no como un dato verificado. Esa intervención se suma a una serie de reacciones internacionales -incluidas las de varios mandatarios latinoamericanos que saludaron la victoria de Lula- que, por ahora, se mantienen divididas entre el reconocimiento del resultado proclamado por el TSE y el respaldo retórico al relato de impugnación de Bolsonaro, sin que ninguna de ellas aporte evidencia adicional verificable sobre el proceso de votación más allá de la ya examinada por el propio tribunal electoral y por las verificaciones de hechos independientes citadas en esta actualización.
Se trata del cuarto mandato presidencial para Lula da Silva, que ya gobernó Brasil entre 2003 y 2010 y, tras la victoria de 2022 sobre Jair Bolsonaro, había asumido de nuevo la presidencia en enero de 2023. El resultado consolida la continuidad del proyecto político liderado por el Partido de los Trabajadores (PT) frente al bolsonarismo, en una elección marcada por la polarización entre ambos bloques y por la cuestión de la elegibilidad judicial de Jair Bolsonaro, inhabilitado para presentarse, lo que llevó a su hijo, senador por Río de Janeiro, a encabezar por primera vez la candidatura presidencial de la derecha brasileña en nombre de la familia Bolsonaro. La gobernabilidad de este cuarto mandato dependerá, según el análisis de NPR, de la capacidad del PT para negociar con el llamado "Centrão", el bloque de partidos de centro que ha definido las mayorías legislativas brasileñas en los últimos ciclos, en un contexto ahora marcado también por la disputa pública sobre la legitimidad del proceso electoral.
Lula da Silva, fundador del Partido de los Trabajadores, fue presidente de Brasil entre 2003 y 2010, estuvo preso entre 2018 y 2019 por una condena posteriormente anulada, y derrotó a Jair Bolsonaro en la segunda vuelta de 2022 antes de asumir su mandato actual en enero de 2023.
La victoria de Lula asegura la continuidad del PT en el Ejecutivo brasileño por un cuarto mandato y frena, al menos en el plano electoral, el avance del bolsonarismo liderado ahora por la nueva generación familiar, con implicaciones para la política exterior y económica de la mayor economía de América Latina.
El anuncio de Flávio Bolsonaro de pedir la anulación de la segunda vuelta introduce un elemento de incertidumbre política de corto plazo, aunque juristas citados por Bloomberg señalan que la vía legal enfrenta obstáculos severos porque el TSE y ambas cámaras del Congreso ya han reconocido el resultado.
Flávio Bolsonaro encabezó la candidatura de la derecha después de que su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quedara inhabilitado judicialmente para presentarse a estas elecciones, y llegó a la segunda vuelta como favorito tras ganar la primera ronda.
La prórroga de dos horas en el cierre de las urnas, ordenada por el magistrado del Tribunal Supremo Federal Cristiano Zanin, se originó en una solicitud de la propia campaña de Lula por la reducción del transporte público en São Paulo y Bahía, a la que se sumó después una petición de la candidatura de Bolsonaro para 17 municipios de São Paulo, Paraná y Santa Catarina afectados por fuertes lluvias, según detalló El Cronista.
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