Un estudio genético publicado en Cell identifica a dos hermanos de primer grado, migrantes de primera generación desde Centroeuropa, enterrados en el siglo V a 725 kilómetros de distancia entre sí: la hermana en una posada romana de Castellón y el hermano junto a las llamadas 'princesas suevas' de Mérida.
Un análisis de 243 genomas antiguos de 31 yacimientos ibéricos, publicado en la revista Cell, ha identificado a dos hermanos de primera generación llegados de Centroeuropa cuyos restos aparecieron a 725 kilómetros de distancia: ella en una posada romana de Castellón, él entre las sepulturas de las llamadas 'princesas suevas' de Mérida. El estudio concluye además que el impacto genético de suevos, vándalos, alanos y visigodos en Hispania fue mucho menor que el de la romanización previa. Un estudio genético publicado en Cell identifica a dos hermanos de primer grado, migrantes de primera generación desde Centroeuropa, enterrados en el siglo V a 725 kilómetros de distancia entre sí: la hermana en una posada romana de Castellón y el hermano junto a las llamadas 'princesas suevas' de Mérida.

El teatro romano de Mérida, en la antigua Augusta Emerita, la ciudad donde se halló la sepultura del hermano del estudio genético, junto a las llamadas 'princesas suevas'.
Foto: Joan Vega · Licencia: CC BY-SA 3.0 · Archivo original · Condiciones de la licencia
Un equipo internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, un centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra) en Barcelona, junto con el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, la Universidad de Harvard y la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), ha reconstruido la historia genética de la península ibérica entre los siglos I y VIII d.C. a partir de 243 genomas antiguos procedentes de 31 yacimientos arqueológicos. El trabajo, publicado en la revista científica Cell, firmado entre otros por Pablo Carrión (Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, Leipzig), Iñigo Olalde (UPV/EHU e Ikerbasque), Carles Lalueza-Fox (director del Museu de Ciències Naturals de Barcelona) y David Reich (Harvard), aporta uno de los mapas más detallados hasta la fecha sobre cómo cambió la población de Hispania tras la conquista romana y las posteriores migraciones germánicas.
El hallazgo más llamativo del estudio es el de dos hermanos de primer grado, ambos con ascendencia genética enteramente centroeuropea, lo que apunta a que fueron migrantes de primera generación. Sus restos se localizaron a 725 kilómetros de distancia: la hermana en Ildum, una antigua posada romana situada en la actual provincia de Castellón, junto a la Vía Augusta, identificada por el hallazgo de agujas de vestir de oro idénticas a las de otros enterramientos del mismo grupo; el hermano en Mérida (la antigua Augusta Emerita), enterrado junto a las sepulturas conocidas popularmente como 'princesas suevas'. Según los autores, ningún otro par de parientes de primer grado documentado en el registro de ADN antiguo había sido hallado tan lejos uno del otro; el récord previo apenas superaba los seis kilómetros.
El equipo investigador señala que la dispersión de los hermanos pudo estar facilitada por la todavía operativa red de infraestructuras romanas, en particular la propia Vía Augusta, la gran calzada que unía el sur de la península con los Pirineos. Los motivos concretos por los que la joven acabó enterrada tan lejos de la corte sueva siguen sin resolverse: los investigadores plantean como hipótesis, sin poder confirmarla, un posible enlace matrimonial de carácter diplomático o su participación en algún desplazamiento de tipo militar o político, pero subrayan que se trata de una interpretación abierta y no de un hecho establecido por el ADN.
Más allá de este caso concreto, el estudio sostiene que la conquista romana de Hispania produjo un cambio demográfico de gran magnitud, con una entrada notable de ascendencia procedente del Mediterráneo oriental y del norte de África, especialmente visible en el centro y el sur de la península. En cambio, las migraciones germánicas de la Antigüedad tardía —suevos, vándalos, alanos y visigodos— tuvieron, según los genomas analizados, un impacto mucho más limitado sobre la composición genética de la población: entre un 12% y un 22% de ascendencia según la región, lo que respalda la idea de una penetración de élites dirigentes antes que un reemplazo poblacional masivo. El estudio aporta además otro dato relevante: una de las llamadas 'princesas suevas' de Mérida presentaba ascendencia local hispanorromana, lo que indicaría alianzas matrimoniales entre las élites germánicas y familias hispanorromanas, no una sustitución simple de población.
Conviene matizar que los porcentajes de ascendencia genética que ofrece el estudio describen proporciones de herencia biológica inferidas por comparación con poblaciones de referencia, y no equivalen a categorías étnicas o identitarias tal y como se entienden hoy. Los propios autores insisten en que la reconstrucción de rutas de migración concretas, como la de los dos hermanos de Castellón y Mérida, se apoya en inferencia genética y arqueológica combinada, por lo que algunos detalles del relato —como el motivo exacto del traslado de la hermana— permanecen como hipótesis razonadas y no como hechos cerrados.
Los suevos se establecieron como reino en el noroeste de la península ibérica (Gallaecia) en el siglo V, antes de ser absorbidos por el reino visigodo en el siglo VI. La Vía Augusta, construida en época romana, conectaba el sur de Hispania con los Pirineos y fue clave para la movilidad de personas y mercancías durante siglos.
El estudio reescribe parte del relato tradicional sobre el fin del Imperio romano en Hispania: la llegada de pueblos germánicos no implicó una sustitución demográfica masiva, sino una penetración de élites con un impacto genético minoritario, mientras que la romanización previa sí dejó una huella genética profunda y duradera.
La investigación se basa en 243 genomas antiguos de 31 yacimientos ibéricos de los siglos I a VIII d.C., y fue realizada por un equipo del IBE (CSIC-UPF), el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, Harvard y la UPV/EHU, publicada en Cell en 2026.
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