España vuelve esta madrugada al horario de invierno atrasando el reloj una hora. Un nuevo análisis publicado en la revista médica canadiense CMAJ, y una revisión de 157 estudios en 36 países, alimentan el debate científico sobre si el horario permanente de invierno es más saludable que el cambio estacional o que un horario de verano fijo.
En la madrugada de este sábado al domingo, España retrasará los relojes una hora para entrar en el horario de invierno. Un análisis publicado el 5 de octubre en la revista médica canadiense CMAJ y una revisión de 157 estudios en 36 países aportan nueva evidencia a un debate científico abierto desde hace años sobre los efectos del cambio horario en el sueño, el estado de ánimo y el riesgo cardiovascular. España vuelve esta madrugada al horario de invierno atrasando el reloj una hora. Un nuevo análisis publicado en la revista médica canadiense CMAJ, y una revisión de 157 estudios en 36 países, alimentan el debate científico sobre si el horario permanente de invierno es más saludable que el cambio estacional o que un horario de verano fijo.

Reloj despertador analógico, de dominio público (Wikimedia Commons)
Foto: Jorge Barrios; edición de fondo por Wikigraphists of Graphic Lab · Licencia: Public domain · Archivo original · Condiciones de la licencia
A las tres de la madrugada de este domingo 25 de octubre, los relojes en España volverán a marcar las dos: el cambio estacional que pone fin al horario de verano y da paso al horario de invierno, vigente hasta finales de marzo de 2027. El ajuste, común a toda la Unión Europea desde una directiva de 1996, sigue sin tener fecha de desaparición: Bruselas propuso en 2018 eliminar los cambios estacionales, pero la iniciativa permanece bloqueada por falta de acuerdo entre los Estados miembros sobre qué horario fijo adoptar cada país.
Mientras ese debate político sigue estancado, la evidencia científica sobre los efectos del cambio de hora en la salud también es mixta. Una revisión sistemática de 157 estudios realizados en 36 países, citada por Infocop, concluye que los efectos observados son heterogéneos y que las transiciones horarias no pueden considerarse uniformemente perjudiciales, aunque sí documenta un aumento de hospitalizaciones por ictus en los días posteriores a los cambios de hora, lo que sugiere una posible relación entre las alteraciones del sueño y del ritmo circadiano y el riesgo cardiovascular.
El debate ha cobrado nuevo impulso con un análisis publicado el 5 de octubre en la revista médica Canadian Medical Association Journal (CMAJ, DOI 10.1503/cmaj.261089), liderado por el psiquiatra Raymond Lam, de la Universidad de Columbia Británica, junto con investigadores de la Universidad Simon Fraser y la Universidad de Columbia Británica. Sus autores concluyen que, si hay que elegir entre abolir el cambio de hora manteniendo el horario de verano de forma permanente o el horario de invierno de forma permanente, la evidencia médica favorece claramente al horario de invierno, porque la luz de la mañana ayuda a sincronizar el reloj biológico con el ciclo de 24 horas, mientras que un horario de verano fijo retrasaría el amanecer en invierno y empeoraría la falta de sueño y los problemas de ánimo estacionales.
El equipo de Lam recuerda que entre el 1% y el 3% de la población experimenta trastorno afectivo estacional y hasta un 15% sufre cambios de ánimo estacionales más leves, y señala que niños, adolescentes -por los horarios escolares tempranos-, trabajadores a turnos, usuarios de transporte público y habitantes de zonas rurales son los grupos más vulnerables a los efectos de la falta de luz matutina. Otros estudios previos, como los recogidos por la Academia Americana de Medicina del Sueño, habían advertido ya de que el desajuste circadiano provocado por los cambios de hora puede causar pérdida de sueño, fatiga y alteraciones fisiológicas con consecuencias cardiovasculares y mentales.
No toda la evidencia apunta en la misma dirección: otros trabajos, como una revisión de 27 estudios de Romigi y colaboradores publicada en 2025, se han centrado en el cambio de primavera y han hallado efectos adversos sobre la duración y calidad del sueño, en particular entre quienes tienen cronotipos vespertinos, con variaciones metodológicas relevantes entre estudios. El propio análisis de CMAJ reconoce que un horario de verano permanente tendría ventajas en forma de tardes más luminosas, beneficiosas para el ocio, la actividad social y parte de la actividad económica, frente a las cuales hay que sopesar la evidencia que vincula una hora solar más tardía con menos sueño y peor rendimiento escolar.
1996: la Unión Europea armoniza mediante directiva el cambio de hora estacional en todos sus Estados miembros, vigente el último domingo de marzo y el último domingo de octubre.
2018: la Comisión Europea propone eliminar los cambios de hora estacionales, dejando a cada país la elección de un horario fijo; la propuesta queda bloqueada en el Consejo por falta de acuerdo.
2025: una revisión de 27 estudios de Romigi y colaboradores documenta efectos adversos del cambio de primavera sobre la duración y calidad del sueño.
5 de octubre de 2026: la revista CMAJ publica el análisis liderado por Raymond Lam (Universidad de Columbia Británica) que concluye que la evidencia médica favorece el horario de invierno permanente sobre el de verano permanente.
24-25 de octubre de 2026: España y el resto de la Unión Europea retrasan los relojes una hora para entrar en el horario de invierno.
El cambio de hora de esta madrugada no es solo un ajuste administrativo: la literatura científica reciente, incluido el análisis de CMAJ de octubre de 2026, refuerza el argumento de que el horario de invierno -y no el de verano- es la opción que mejor protege el sueño, el ánimo y el riesgo cardiovascular si algún día la Unión Europea decide eliminar los cambios estacionales.
La Unión Europea mantiene desde 1996 una directiva que obliga a todos sus Estados miembros a cambiar la hora el último domingo de marzo y el último domingo de octubre; una propuesta de 2018 para eliminar ese cambio sigue sin aplicarse por falta de consenso sobre qué horario fijo adoptar en cada país.
España se encuentra oficialmente en el fuso horario de Europa Central (GMT+1) desde 1940, un desajuste respecto a su posición geográfica que, según distintos estudios citados en el debate, contribuye a los horarios tardíos de comidas y sueño del país.
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