Un análisis de sedimentos marinos de hace 6.000 años revela que los modelos climáticos sobrestiman el hielo marino invernal del Ártico. La proyección corregida apunta a una pérdida adicional de hielo equivalente a la superficie de España y Francia juntas.
Un equipo liderado por la Universidad de Cambridge usó restos de algas atrapadas en sedimentos marinos de hace 6.000 años para corregir 27 modelos climáticos. La conclusión: el Ártico perderá en invierno alrededor de un millón de kilómetros cuadrados más de hielo que lo estimado hasta ahora. Un análisis de sedimentos marinos de hace 6.000 años revela que los modelos climáticos sobrestiman el hielo marino invernal del Ártico. La proyección corregida apunta a una pérdida adicional de hielo equivalente a la superficie de España y Francia juntas. En la práctica: Un millón de km² adicionales de pérdida de hielo invernal implicaría una apertura más temprana y extensa de aguas árticas en invierno, con efectos en rutas de navegación y en las proyecciones de riesgo climático que usan gobiernos y aseguradoras.

Hielo marino ártico fotografiado desde el aire durante un sondeo de Operation IceBridge (NASA), marzo de 2011.
Foto: NASA Goddard Space Flight Center / Wikimedia Commons · Licencia: Public domain · Archivo original · Condiciones de la licencia
Un estudio publicado el 16 de octubre de 2026 en la revista Nature Geoscience concluye que las proyecciones sobre la pérdida de hielo marino invernal en el Ártico han sido sistemáticamente demasiado optimistas. Según la investigación, liderada por Crystal Fu, del Scott Polar Research Institute de la Universidad de Cambridge, junto con el matemático Marco Aquino-López, del Centro de Investigación en Matemáticas (CIMAT) de México, el hielo invernal se reducirá aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados más de lo que indicaban los modelos anteriores, una superficie comparable a la de España y Francia juntas.
Para llegar a esta conclusión, el equipo recopiló la mayor base de datos existente de IP25, una sustancia orgánica producida por microalgas que viven dentro del hielo marino, a partir de núcleos de sedimento oceánico que datan del periodo cálido conocido como Holoceno medio, hace unos 6.000 años. Esos registros, junto con marcadores complementarios de organismos de aguas abiertas, permitieron reconstruir la extensión real del hielo en aquella época, en la que las condiciones orbitales calentaron la región de forma similar a lo que se espera por el cambio climático actual.
Los investigadores compararon esos datos paleoclimáticos con las simulaciones de 27 modelos climáticos distintos y aplicaron una técnica estadística llamada ponderación bayesiana, que otorga más peso a los modelos que mejor reproducen las condiciones del pasado y penaliza a los que se desvían. El resultado mostró que, en conjunto, los modelos habían sobrestimado la cantidad de hielo polar que realmente existió hace 6.000 años, lo que llevó al equipo a corregir también sus proyecciones de futuro a la baja. Según la autora principal, citada en el comunicado de la propia universidad, "las proyecciones futuras también terminan siendo más bajas que las estimaciones previas, en alrededor de un millón de kilómetros cuadrados".
El ajuste metodológico no solo reduce la cantidad de hielo proyectada, sino también el margen de incertidumbre: los autores afirman haberlo recortado hasta en un 85% en algunas proyecciones, lo que según ellos otorga mayor fiabilidad a los escenarios futuros. Las mayores pérdidas adicionales se concentrarían en el mar de Barents y en las cuencas de Groenlandia y Labrador, zonas ya identificadas como especialmente sensibles al retroceso del hielo invernal.
El hallazgo llega después de que marzo de 2025 registrara el mínimo histórico de extensión máxima invernal de hielo ártico desde que existen mediciones por satélite, marca que se igualó de nuevo en 2026. Los autores vinculan una menor cobertura de hielo invernal con alteraciones en los patrones de tormentas en el Reino Unido, el norte de Europa y Norteamérica, así como posibles efectos sobre las nevadas en el sureste de Groenlandia y los patrones de lluvia en el Mediterráneo, aunque advierten de que estos vínculos regionales son más inciertos que la proyección central de pérdida de hielo.
Los propios investigadores reconocen una limitación central del método: existe incertidumbre inherente al trasladar registros paleoclimáticos de hace milenios a proyecciones de las próximas décadas, dado que el contexto orbital y la configuración de los océanos no son idénticos. Con todo, sostienen que comparar los modelos con un periodo cálido real, en lugar de depender solo de simulaciones entre sí, ofrece una corrección empírica que antes no existía, y plantean que futuros trabajos deberían ampliar la red de núcleos sedimentarios fuera del Ártico europeo para confirmar la magnitud regional del ajuste.
Marzo de 2025: mínimo histórico de extensión máxima invernal de hielo ártico por satélite.
2026: esa misma marca mínima se repite, lo que los autores citan como evidencia de que la tendencia ya está en marcha.
Un millón de km² adicionales de pérdida de hielo invernal implicaría una apertura más temprana y extensa de aguas árticas en invierno, con efectos en rutas de navegación y en las proyecciones de riesgo climático que usan gobiernos y aseguradoras.
El hielo marino invernal es el que alcanza su máxima extensión anual y actúa como reserva para el deshielo estival; su reducción sostenida desde 2015 ya preocupaba a la comunidad científica antes de este ajuste metodológico.
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