La investigación, publicada en Nature Medicine con participación de científicos del Instituto de Salud Carlos III y las universidades de Cádiz, Autónoma de Barcelona y Autónoma de Madrid, halla una prevalencia mayor de dolor femenino en las 11 zonas anatómicas analizadas, con las mayores diferencias en dolor facial, cefaleas y dolor abdominal.
Un análisis de datos de más de seis millones de personas en 118 países, publicado en Nature Medicine con participación de investigadores españoles, concluye que las mujeres presentan mayor prevalencia de dolor que los hombres en las once zonas del cuerpo estudiadas, con las brechas más amplias en dolor facial, cefaleas y dolor abdominal. La investigación, publicada en Nature Medicine con participación de científicos del Instituto de Salud Carlos III y las universidades de Cádiz, Autónoma de Barcelona y Autónoma de Madrid, halla una prevalencia mayor de dolor femenino en las 11 zonas anatómicas analizadas, con las mayores diferencias en dolor facial, cefaleas y dolor abdominal. En la práctica: Confirma, con el mayor conjunto de datos reunido hasta ahora (6,1 millones de personas, 118 países), que la prevalencia de dolor es mayor en mujeres en las once zonas anatómicas analizadas.
Un estudio internacional publicado en la revista Nature Medicine y conocido esta semana concluye que las mujeres sufren dolor con más frecuencia que los hombres en todas las etapas de la vida y en todas las zonas del cuerpo analizadas. La investigación, que combina datos individuales de 6,1 millones de personas de entre 5 y 100 años procedentes de 118 países y 902 fuentes de datos poblacionales recogidos entre 1990 y 2025, es uno de los mayores análisis realizados hasta la fecha sobre diferencias de género en la experiencia del dolor, y establece por primera vez curvas de referencia globales de prevalencia de dolor a lo largo de toda la vida.
El trabajo cuenta con participación de científicos del Instituto de Salud Carlos III y de las universidades de Cádiz, Autónoma de Barcelona y Autónoma de Madrid, además de equipos internacionales de otros países. Según los datos difundidos, las mujeres registran una prevalencia mayor de dolor en las once localizaciones anatómicas estudiadas —cabeza, cara, cuello u hombro, pie o tobillo, mano o muñeca, codo, pecho, espalda, estómago o abdomen, cadera y rodilla—, con una prevalencia que osciló entre apenas el 2% para el dolor facial y hasta el 40% para el dolor de espalda, la localización más frecuente en ambos sexos. El riesgo relativo de padecer dolor en mujeres frente a hombres se situó, según la cobertura del estudio, entre 1,08 y 1,83 veces según la zona del cuerpo.
Las diferencias entre hombres y mujeres no fueron uniformes: fueron especialmente amplias en el dolor facial, las cefaleas y el dolor abdominal, y además el dolor aumentó de forma más pronunciada antes de los 55 años que después, con picos distintos según la zona —las cefaleas en torno a los 34 años, el dolor abdominal cerca de los 23 y el deterioro articular entre los 59 y los 75 años—. Marta Miret, profesora del departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid y una de las investigadoras citadas en la cobertura del estudio, describe el fenómeno como "multicausal": las mujeres "tienen tendencia a desarrollar patologías que cursan con fuertes padecimientos", como la endometriosis y la migraña, afecciones que durante décadas han estado infraestudiadas en la investigación biomédica.
Más allá de los factores biológicos, los autores apuntan también a condicionantes sociales: la doble carga laboral y de cuidados que recae con más frecuencia sobre las mujeres reduce el tiempo disponible para atender el malestar físico, lo que favorece que el dolor se cronifique y se gestione peor en el día a día. El equipo investigador señala, además, que factores socioeconómicos y culturales —incluida la forma en que distintas sociedades legitiman o minimizan la expresión del dolor según el género— también inciden en la prevalencia registrada, por lo que las cifras deben interpretarse junto a ese contexto social y no solo como un dato biológico puro.
El estudio llega en un momento de creciente atención científica e institucional a la llamada brecha de género en salud, que señala que buena parte de la investigación biomédica histórica se ha basado en modelos y muestras predominantemente masculinos, con menor atención a condiciones que afectan sobre todo a mujeres. Los autores concluyen que sus hallazgos deberían orientar protocolos clínicos y políticas sanitarias que hasta ahora no han tenido en cuenta de forma sistemática estas diferencias de prevalencia por sexo, y piden que los sistemas de salud incorporen esa perspectiva en el diagnóstico y el abordaje del dolor crónico.
El estudio analiza datos recogidos entre 1990 y 2025 en 118 países, por lo que documenta una tendencia sostenida durante más de tres décadas, no un hallazgo puntual de este año.
Confirma, con el mayor conjunto de datos reunido hasta ahora (6,1 millones de personas, 118 países), que la prevalencia de dolor es mayor en mujeres en las once zonas anatómicas analizadas.
Identifica el dolor facial, las cefaleas y el dolor abdominal como las áreas con mayor brecha de género.
Aporta evidencia para revisar protocolos clínicos y políticas de salud pública que no incorporan de forma sistemática las diferencias de prevalencia por sexo.
El estudio se enmarca en la creciente atención científica a la brecha de género en salud, derivada de que buena parte de la investigación biomédica histórica se apoyó en modelos y muestras predominantemente masculinos.
Participan en el trabajo el Instituto de Salud Carlos III y las universidades de Cádiz, Autónoma de Barcelona y Autónoma de Madrid, junto a equipos internacionales.
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