Un estudio de Nature Climate Change calcula que introducir costes reales de financiación por país y sector eleva alrededor de un 9% el coste global modelizado de la descarbonización y frena inversión en regiones de mayor riesgo.
Una tecnología barata no lo es igual en todos los países. Si financiarla cuesta mucho más, se instala más tarde y el modelo termina quemando más fósiles o trasladando la reducción de emisiones a otros lugares. Nature Climate Change estima que ignorar las diferencias de coste de capital entre países puede infravalorar en torno a un 9% el coste de una descarbonización compatible con menos de 2 °C. El riesgo financiero frena redes, hidrógeno, CCS y nuevos procesos industriales justo donde el capital es más caro. Un estudio de Nature Climate Change calcula que introducir costes reales de financiación por país y sector eleva alrededor de un 9% el coste global modelizado de la descarbonización y frena inversión en regiones de mayor riesgo. En la práctica: Al introducir diferencias reales de coste de capital por país y sector, el modelo eleva aproximadamente un 9% el coste acumulado de mitigación hasta 2100 para una trayectoria muy por debajo de 2 °C.
Descarbonizar una fábrica, una red eléctrica o una planta de hidrógeno no cuesta lo mismo si el dinero se financia al 4% que si exige rentabilidades mucho mayores por riesgo país. Sin embargo, muchos modelos climáticos tratan esa diferencia de forma demasiado simplificada.
Un estudio de **Nature Climate Change** introduce costes de capital dinámicos y específicos por país y sector dentro del modelo IMAGE y encuentra que la financiación cambia de forma material el camino óptimo de la transición.
En una trayectoria para mantener el calentamiento muy por debajo de 2 °C, contabilizar las diferencias reales de riesgo eleva el coste acumulado de mitigación hasta 2100 en aproximadamente **un 9%**, de unos 77 a 84 billones de dólares de 2010 ajustados por paridad de poder adquisitivo.
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El efecto principal no viene de que el acero sea más arriesgado que la electricidad, sino de que **invertir en países con peor riesgo soberano cuesta más**.
Eso desplaza inversión hacia regiones de menor riesgo y reduce la velocidad de despliegue de tecnologías muy intensivas en capital en países en desarrollo.
En redes eléctricas, el modelo encuentra menos inversión en regiones de mayor riesgo. En hidrógeno verde, el coste financiero encarece los electrolizadores y retrasa su adopción.
En cemento y acero ocurre algo parecido: tecnologías nuevas, electrificación y captura de carbono requieren mucho capital inicial, de modo que una prima de riesgo alta mantiene durante más tiempo procesos convencionales más intensivos en emisiones.
Si la política climática no se endurece para compensarlo, los autores calculan **60–70 gigatoneladas adicionales de CO2 acumulado hasta 2100**, más de un año de las emisiones globales actuales.
Si la política sí reacciona para mantener el objetivo climático, esas emisiones adicionales se evitan en gran medida, pero a costa de más gasto y de trasladar esfuerzos hacia regiones donde financiar proyectos resulta más barato.
El estudio no demuestra que el mundo vaya a gastar exactamente 84 billones. Su mensaje es estructural: **una tecnología puede ser competitiva en ingeniería y dejar de serlo financieramente si el coste del dinero es demasiado alto**.
Por eso los autores concluyen que la financiación climática internacional no debería concentrarse solo en parques solares o eólicos. Reducir riesgo y coste de capital también es decisivo para redes, hidrógeno, acero, cemento y otras inversiones industriales.
Al introducir diferencias reales de coste de capital por país y sector, el modelo eleva aproximadamente un 9% el coste acumulado de mitigación hasta 2100 para una trayectoria muy por debajo de 2 °C.
El coste modelizado pasa de unos 77 a 84 billones de dólares de 2010 ajustados por paridad de poder adquisitivo.
Sin una respuesta climática adicional, el mayor coste de financiación añade alrededor de 60–70 Gt de CO2 acumulado hasta 2100 en los escenarios analizados.
El mayor impacto procede del riesgo país, más que de las diferencias de riesgo entre sectores.
Un coste de capital alto perjudica especialmente tecnologías intensivas en inversión inicial como redes, electrólisis, captura de carbono y nuevos procesos de acero y cemento.
Fuentes: Nature Climate Change — estudio originalNature Climate Change — investigación 24 sep 2026
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