El Banco de Japón ha elevado el tipo de referencia del 1,0% al 1,25%, máximo desde 1995. Sin embargo, el yen se debilitó tras la decisión. No es una contradicción: el mercado ya esperaba la subida y reaccionó sobre todo a lo que la votación y el mensaje dicen sobre los próximos pasos.
El Banco de Japón elevó este 18 de septiembre su tipo de referencia del **1,0% al 1,25%**, el nivel más alto desde 1995. El movimiento continúa la normalización de una política monetaria que durante años convivió con tipos cero o negativos. La reacción inmediata, sin embargo, fue poco intuitiva: el yen se debilitó y el dólar pasó de aproximadamente 156,1 yenes a la zona de **157,7-158 yenes** tras la decisión.
Una subida de tipos no garantiza por sí sola una subida de la moneda. En teoría, tipos más altos hacen más atractivos los depósitos y bonos en yenes y reducen parte del incentivo para financiarse barato en Japón e invertir fuera. Pero los mercados operan con expectativas. Si los inversores ya habían incorporado casi por completo una subida de 25 puntos básicos, el anuncio deja de ser una sorpresa positiva para el yen. La nueva información pasa a ser **qué vendrá después**.
Ahí está una de las claves de la reacción. La decisión no fue unánime: dos de los nueve miembros del consejo se opusieron al aumento. Esa división puede interpretarse como una señal de que el camino hacia nuevas subidas no será automático ni necesariamente rápido. Varios medios financieros describieron la reacción como la de una subida con tono relativamente prudente: el mercado recibió el 1,25% esperado, pero no una señal inequívoca de una aceleración del endurecimiento.
El contexto ayuda a entender por qué el Banco de Japón ha seguido avanzando. En su perspectiva de julio, la institución esperaba que la inflación se situara **claramente por encima del 2% durante la segunda mitad del ejercicio 2026**, impulsada por petróleo, semiconductores, demanda vinculada a inteligencia artificial y la depreciación del yen. También señalaba que la inflación subyacente se acercaba gradualmente a un nivel consistente con su objetivo del 2% y que seguiría ajustando el grado de acomodación si el escenario se materializaba.
El yen débil forma parte del mismo mecanismo. Japón importa buena parte de su energía y numerosas materias primas; cuando su moneda pierde valor, esas compras cuestan más en yenes y pueden trasladarse a precios internos. Eso crea un incentivo para endurecer la política monetaria. Pero una subida de tipos que el mercado considera insuficiente para cerrar rápidamente la diferencia con Estados Unidos u otras economías puede no bastar para sostener la divisa en el corto plazo.
También conviene separar reacción de mercado y efecto económico. Un yen más débil puede favorecer los ingresos en moneda local de exportadores japoneses, mientras encarece importaciones. Un tipo oficial más alto eleva progresivamente el coste del crédito para hogares y empresas y mejora la remuneración de parte del ahorro, pero el efecto depende de cómo se transmitan los tipos del banco central a hipotecas, préstamos, depósitos y bonos. Nada de eso se mide correctamente con unas horas de cotización.
El máximo de 31 años tampoco significa que Japón haya pasado a una política monetaria dura en términos absolutos. El 1,25% sigue siendo un tipo bajo comparado con los niveles recientes de otros grandes bancos centrales. Además, el Banco de Japón ha insistido en que calibrará el ritmo según actividad, precios y condiciones financieras, con especial atención al petróleo, el tipo de cambio y la demanda asociada a la inteligencia artificial.
La lectura más precisa del viernes es, por tanto, doble. Japón ha dado otro paso histórico para salir de décadas de dinero extremadamente barato. Pero **la subida de hoy ya estaba ampliamente esperada**, y el yen respondió a la información marginal: cuánto apoyo político y monetario existe para seguir subiendo y a qué velocidad. Por eso una moneda puede caer justo después de que su banco central eleve tipos sin que haya una contradicción económica.
En junio de 2026 el Banco de Japón elevó el objetivo del tipo overnight hasta alrededor del 1,0%. La subida de septiembre lo lleva al 1,25%.
Japón abandonó los tipos negativos en 2024 y desde entonces ha ido retirando gradualmente una política monetaria excepcionalmente expansiva.
Un yen más débil abarata en divisa extranjera parte de las exportaciones japonesas, pero encarece energía, alimentos y otros bienes importados.
La subida de tipos puede trasladarse a préstamos, hipotecas, financiación empresarial y depósitos, aunque el efecto final depende de cada producto y de la competencia bancaria.
La reacción de una divisa depende de la sorpresa respecto a las expectativas previas y de la trayectoria futura esperada de tipos, no sólo del movimiento anunciado ese día.
El Banco de Japón proyectaba en julio inflación superior al 2% durante parte del ejercicio 2026 y mantenía una orientación de nuevas subidas si actividad y precios evolucionaban según su escenario.
Fuentes: Bank of Japan — Monetary Policy Releases, 18 sep 2026Bank of Japan — Outlook Highlights, julio 2026Associated Press — decisión y votación del Banco de JapónBarron's — reacción inmediata de yen y futuros
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