Un estudio en Icarus concluye que Ariel, luna de Urano, pudo albergar un océano subsuperficial de más de 170 km de profundidad. La hipótesis se basa en fracturas y tensiones de su corteza y podrá contrastarse con futuras imágenes.
No han encontrado un mar líquido actual en Ariel. Han usado sus fracturas como huellas de lo que pudo haber ocurrido dentro y el mejor modelo apunta a un océano pasado enorme. Las fracturas de Ariel encajan con un pasado en el que la luna de Urano pudo tener un océano subsuperficial de más de 170 km de profundidad. No es una detección de agua actual: es una reconstrucción geológica que una futura misión podrá poner a prueba. Un estudio en Icarus concluye que Ariel, luna de Urano, pudo albergar un océano subsuperficial de más de 170 km de profundidad. La hipótesis se basa en fracturas y tensiones de su corteza y podrá contrastarse con futuras imágenes. En la práctica: Los modelos sitúan un antiguo océano de Ariel por encima de 100 millas, unos 170 kilómetros, de profundidad.
Ariel, una de las lunas de Urano, **pudo albergar en el pasado un océano de más de 170 kilómetros de profundidad** bajo su corteza helada, según un trabajo publicado en *Icarus*.
La cifra no procede de haber visto agua directamente. Los investigadores reconstruyen la historia interna de Ariel a partir de sus fracturas, crestas y grandes zonas donde la corteza parece haberse estirado.
Cuando un océano interior se congela o cambia de volumen, puede generar tensiones en la capa exterior. Los autores comparan esas estructuras con distintos modelos de espesor de hielo y agua para encontrar cuáles reproducen mejor la geología observada.
El resultado favorece un escenario en el que Ariel tuvo una capa líquida extraordinariamente profunda, de más de **100 millas —unos 170 km—**.
Eso convertiría a una luna relativamente pequeña, de unos 1.159 kilómetros de diámetro, en otro candidato a haber formado parte de la familia de mundos oceánicos del Sistema Solar.
Pero conviene separar pasado y presente. **El trabajo no demuestra que Ariel conserve hoy un océano líquido.** Tampoco determina con precisión cuándo apareció ni cuánto tiempo sobrevivió.
El mismo grupo había obtenido resultados parecidos para Miranda, otra luna de Urano. Juntas plantean la posibilidad de que el sistema uraniano haya albergado más actividad interna de la que sugeriría su distancia al Sol.
Una limitación histórica es que Voyager 2 solo fotografió con detalle parte de estas lunas. Sus hemisferios norte permanecen mucho peor conocidos.
Ahí aparece una predicción comprobable: los modelos indican qué tipo de fracturas y relieves debería encontrar una futura nave en las zonas no observadas si la reconstrucción es correcta.
Por eso el trabajo tiene valor incluso sin demostrar agua actual. **Convierte la geología visible en una hipótesis concreta que una futura misión a Urano puede intentar refutar o confirmar.**
Los modelos sitúan un antiguo océano de Ariel por encima de 100 millas, unos 170 kilómetros, de profundidad.
Las fracturas y grabens de la superficie permiten estimar cómo se expandió y contrajo la corteza helada.
El resultado ofrece predicciones que una futura misión a Urano podría comprobar en los hemisferios todavía no fotografiados.
Ariel tiene unos 1.159 km de diámetro y es la cuarta luna más grande del sistema de Urano.
El mismo equipo obtuvo anteriormente indicios compatibles con un océano antiguo en Miranda.
Fuentes: Planetary Science Institute / ScienceDailyIcarus — Strom et al.
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