El INE sitúa el coste laboral por trabajador en 3.388 euros mensuales, un 4,0% más que hace un año, la cifra más alta en un segundo trimestre desde 2000. Las cotizaciones sociales, que forman la mayor parte del coste no salarial, crecieron un 4,2%, medio punto por encima de los sueldos.
El **Índice de Coste Laboral Armonizado (ICLA)** del Instituto Nacional de Estadística, con datos provisionales del segundo trimestre de 2026 publicados el 17 de septiembre, sitúa el coste laboral por trabajador y mes en **3.388,15 euros**, un **4,0% más** que en el mismo trimestre de 2025. Es la cifra más elevada registrada en un segundo trimestre desde el inicio de la serie histórica en el año 2000, y encadena 22 trimestres consecutivos de subidas.
Ese coste laboral total se descompone en dos bloques. El salarial —remuneración bruta en metálico y en especie— subió un 4,0% interanual hasta 2.512,68 euros por trabajador y mes, también la cifra más alta en un segundo trimestre de la serie. El no salarial, formado principalmente por las **cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social**, subió un 4,2% hasta **875,47 euros**, medio punto porcentual más que el avance salarial.
El coste por hora efectivamente trabajada subió un 4,8% en tasa interanual en la serie sin corregir, hasta 26,18 euros; en la serie corregida de calendario y estacionalidad, el incremento fue del 4,2%. El coste por hora pagada, que incluye vacaciones y otras horas no trabajadas, aumentó un 4% hasta 22,32 euros. La actividad con mayor incremento en tasa anual corregida fue Administración pública y defensa y Seguridad Social obligatoria, con un 6,9%.
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Que las cotizaciones crezcan por encima de los salarios no es un dato de un único trimestre: varios medios económicos —entre ellos El Español, que dedicó su portada de Economía del 20 de septiembre a este dato— señalan que es una tendencia sostenida desde hace varios trimestres. El propio INE atribuye el peso creciente de los costes no salariales al aumento de las bases y tipos de cotización aplicados en los últimos ejercicios, incluido el mecanismo de equidad intergeneracional introducido en la reforma de pensiones.
El Español calcula además, a partir de la serie del INE, que el coste no salarial habría subido un 34,6% desde que Pedro Sánchez llegó a la Presidencia del Gobierno en junio de 2018, frente a un 28,7% de los salarios, y que los ingresos por cotizaciones sociales habrían crecido un 53,8% en el mismo periodo. Se trata de un cálculo acumulado de largo plazo, distinto del dato trimestral que publica el INE, y que WIRESdesk no ha podido reproducir de forma independiente con la serie pública en el tiempo disponible para esta pieza; se recoge aquí como una cifra atribuida a esa cobertura, con la salvedad expresa de que no ha sido verificada de forma propia.
Con esa salvedad, el hecho verificado con datos oficiales es más limitado pero sólido: el coste laboral crece de forma sostenida desde hace más de cinco años, alcanza máximos históricos para un segundo trimestre y su componente no salarial —dominado por las cotizaciones sociales— avanza por encima del componente salarial. Ese patrón tiene una lectura directa para las empresas, que en última instancia soportan la práctica totalidad del incremento de cotizaciones patronales, y otra para los trabajadores, cuyo salario bruto sube, pero no necesariamente al mismo ritmo que el coste total que asume el empleador.
Conviene además distinguir entre coste laboral y salario neto: el ICLA mide lo que paga la empresa, no lo que recibe el trabajador tras impuestos y cotizaciones propias. Un aumento del coste laboral no equivale automáticamente a una mejora proporcional del poder adquisitivo, del mismo modo que tampoco equivale a una carga fiscal en sentido estricto: una parte relevante de las cotizaciones sociales financia prestaciones futuras —pensiones, desempleo— y no debe presentarse sin matices como un impuesto puro sobre el trabajo.
Para evaluar el efecto económico conviene observar también empleo y productividad. Un coste por trabajador más alto puede coexistir con creación de empleo si las empresas venden más, elevan precios o producen más por hora. El problema aparece cuando el coste aumenta de forma persistente y la productividad no acompaña: entonces el ajuste puede llegar mediante menor margen, automatización, sustitución de puestos o menor ritmo de contratación. El ICLA, por sí solo, no permite atribuir cuál de esos canales domina; por eso la siguiente lectura debe combinarse con afiliación, horas trabajadas, vacantes y productividad.
El coste laboral por trabajador encadena 22 trimestres consecutivos de subidas interanuales, con los costes no salariales creciendo de forma sostenida por encima de los salariales en los últimos trimestres, en un contexto de sucesivos aumentos de bases y tipos de cotización desde 2018, incluida la introducción del mecanismo de equidad intergeneracional.
Para las empresas, el coste no salarial creciente eleva el precio de cada contrato más allá del salario bruto pactado, lo que puede influir en decisiones de contratación. Para los trabajadores, la subida salarial nominal del 4,0% debe compararse con la inflación del periodo para valorar si supone ganancia real de poder adquisitivo.
El ICLA del INE usa base 2020 y ofrece dos series de coste por hora: original y corregida de calendario y estacionalidad.
Los otros costes no salariales incluyen, además de las cotizaciones obligatorias, indemnizaciones, gastos de formación y otras percepciones no dinerarias en menor medida.
Fuentes: INE — Nota de prensa ICLA, segundo trimestre de 2026El Español (Invertia) — coste de los 'impuestos' al trabajo desde 2018El Español (Invertia) — costes laborales y salarios en cifras récord
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