El BIS calcula que la carrera de inversión en IA puede generar sobreinversión cercana al 50% frente al nivel socialmente eficiente en su escenario conservador. El riesgo no es que la IA 'no sirva', sino que centros de datos, chips y capacidad de cómputo crezcan más deprisa que los ingresos necesarios para rentabilizarlos, con deuda y financiación circular amplificando una corrección.
El tamaño del boom ya es macroeconómico. El BIS calcula que los cinco mayores grupos tecnológicos destinarán **más de un billón de dólares a inversión relacionada con IA entre 2025 y 2026**. Centros de datos, aceleradores, redes eléctricas y fabricación de semiconductores han contribuido a sostener inversión y actividad incluso en un entorno de aranceles y shocks energéticos. Eso diferencia esta discusión de una moda puramente bursátil: existe una enorme construcción física detrás de las valoraciones.
El primer riesgo es la **carrera por llegar antes**. Un working paper del BIS modeliza el mercado como un entorno donde unas pocas empresas pueden capturar una parte desproporcionada del valor. Si cada compañía teme que invertir menos hoy la deje fuera mañana, todas tienen incentivo para sobredimensionar capacidad. En su calibración conservadora, el modelo obtiene una inversión agregada alrededor de **1,5 veces el nivel socialmente eficiente**. Es una estimación de modelo, no una medición directa de que el 50% de los centros de datos sea inútil.
El segundo riesgo es la **financiación**. Durante la primera fase del boom, las grandes tecnológicas podían financiar buena parte del capex con caja. El BIS observa ahora más deuda y crédito privado. Cuanto mayor sea la proporción financiada con obligaciones fijas, menos margen existe para esperar si los ingresos tardan en llegar. Un centro de datos especializado no siempre puede venderse o reconvertirse sin pérdidas, de modo que una corrección de demanda puede convertirse en ventas forzadas de activos.
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El tercero son los **vínculos circulares**. Fabricantes de chips, proveedores de nube y compañías de modelos pueden invertir unos en otros mientras firman compromisos de compra de cómputo. Esos acuerdos pueden acelerar la expansión, pero también hacen más difícil distinguir demanda final de demanda financiada dentro del propio ecosistema. El BIS advierte de que una red concentrada puede transmitir estrés: si un actor relevante falla, el problema no queda necesariamente aislado en su balance.
La señal clave, por tanto, no es que una acción tecnológica tenga una valoración alta. Hay que comparar **capacidad añadida con utilización, ingresos y productividad**. Si los centros de datos se llenan, los modelos generan ventas crecientes y las empresas que adoptan IA producen más por hora trabajada, parte del capex encuentra justificación económica. Si la capacidad crece mucho más rápido que los ingresos de clientes finales, la rentabilidad marginal cae aunque la tecnología siga siendo útil.
El precedente de la burbuja puntocom ilustra esa diferencia. Internet no fue una fantasía; muchas infraestructuras construidas durante el boom resultaron esenciales después. Lo que falló fue el precio pagado y la expectativa de beneficios inmediatos de numerosas compañías. El propio BIS recuerda también las manías ferroviarias y la electrificación: tecnologías transformadoras pueden atraer demasiado capital demasiado pronto.
En 2026 existe además un vínculo con la economía general. El BIS considera que la inversión en IA y el efecto riqueza de las acciones tecnológicas han ayudado a sostener crecimiento y consumo. Por eso una corrección fuerte podría tener más impacto que una crisis confinada al sector: menor capex afectaría a construcción, semiconductores, redes eléctricas y proveedores; una caída bursátil importante reduciría riqueza financiera de los hogares y podría enfriar consumo.
¿Qué datos separan boom de burbuja? WIRESdesk seguirá cinco: **capex frente a flujo de caja; deuda y crédito privado; utilización efectiva de centros de datos; crecimiento de ingresos de IA fuera de acuerdos circulares; y productividad observable en empresas usuarias**. Si capex y deuda siguen acelerando mientras utilización e ingresos se quedan atrás, la tesis de sobreinversión gana peso. Si productividad e ingresos convergen rápidamente hacia las expectativas, el mismo volumen puede terminar pareciendo racional.
Hay también una posible salida intermedia. Una corrección no tiene por qué destruir el sector: puede bajar precios de cómputo, hacer quebrar proyectos débiles y dejar infraestructura barata disponible para nuevas empresas. Eso ocurrió con fibra óptica tras la puntocom. El peligro financiero depende de quién soporta las pérdidas y de cuánto apalancamiento existe alrededor de esos activos.
La conclusión más útil es evitar dos extremos. Decir que 'la IA es una burbuja' confunde tecnología con financiación. Decir que 'la IA cambiará el mundo, luego cualquier inversión está justificada' comete el error contrario. **Una revolución tecnológica puede ser real y una sobreinversión también**. En 2026, el BIS considera que hay suficientes señales de deuda, concentración y expectativas exigentes como para vigilar el segundo riesgo sin darlo por inevitable.
Las grandes olas tecnológicas han combinado innovación real y exceso financiero. Ferrocarriles en el siglo XIX, electrificación en los años veinte y puntocom en los noventa atrajeron capital por encima de retornos inmediatos, pero dejaron infraestructuras que siguieron generando valor después de la corrección.
Una corrección de IA no afectaría solo a acciones tecnológicas. El capex actual sostiene construcción de centros de datos, fabricantes de chips, electricidad, ingeniería y crédito privado. Una reducción rápida podría frenar inversión y, por el peso de las grandes tecnológicas en índices bursátiles, también afectar consumo a través del efecto riqueza.
El BIS estima que los cinco mayores hyperscalers gastarán más de un billón de dólares en capex relacionado con IA entre 2025 y 2026.
Un working paper del BIS modeliza una sobreinversión cercana a 1,5 veces el nivel eficiente en un escenario conservador; no es una estadística observada de activos inútiles.
Fuentes: BIS — The AI investment raceBIS — AI, growth and financial stabilityBIS — Annual Economic Report 2026El País — El otro miedo de la IA
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