El verano de 2026 ha sido el más cálido de la serie española y acumuló 61 días bajo ola de calor. El calor y el déficit de agua pueden provocar estrés en los árboles, quemado foliar y caída prematura de hojas antes del otoño astronómico.
La pregunta surge antes incluso de que llegue el otoño astronómico: ¿por qué están cayendo tantas hojas ya? En 2026 hay un contexto climático excepcional. AEMET ha calificado este verano como el más cálido de la serie histórica española, iniciada en 1961, con una temperatura media de 24,5 grados y 61 días bajo condiciones de ola de calor en la Península y Baleares.
Más que un único pico de 40 o 45 grados, para un árbol importa la persistencia. Semanas con máximas elevadas aumentan la evapotranspiración, es decir, la pérdida de agua desde el suelo y la vegetación hacia la atmósfera. Si las raíces no pueden reponerla al mismo ritmo, el árbol entra en estrés hídrico incluso aunque conserve todavía parte de la humedad del suelo.
La consecuencia visible puede ser el llamado leaf scorch o quemado foliar, bordes secos y marrones, amarilleo y caída prematura. La extensión forestal de Penn State describe el calor extremo como un estresor capaz de provocar pérdida de humedad, quemado y desprendimiento anticipado de hojas, y señala que el estrés térmico suele ir acompañado de estrés por sequía.
El verano de 2026 añadió otro factor. AEMET registró en julio solo 4,3 milímetros de precipitación media en la España peninsular, un 26 por ciento de lo normal, lo que convirtió ese mes en el julio más seco de la serie. La temperatura media peninsular alcanzó 25,7 grados, 2,6 grados por encima de la referencia 1991-2020.
Eso ayuda a entender por qué la caída puede aparecer con retraso. Un árbol puede mantener gran parte de la copa durante julio y agosto y comenzar a desprender hojas en septiembre. La respuesta depende de la especie, del tamaño y profundidad de las raíces, del riego acumulado y del entorno inmediato.
Los árboles urbanos tienen además desventajas específicas. Alcorques pequeños, suelos compactados, asfalto y fachadas que irradian calor pueden elevar la temperatura alrededor de la copa y limitar el agua accesible. Por eso dos árboles de la misma calle pueden reaccionar de forma distinta aunque hayan soportado la misma temperatura del aire.
No toda hoja que cae en septiembre demuestra estrés climático. Algunas especies comienzan su transición estacional pronto; también pueden intervenir hongos, plagas, daños radiculares o problemas de riego. La pista está en el patrón: caída intensa tras periodos prolongados de calor, hojas con bordes secos o árboles especialmente expuestos son compatibles con estrés térmico e hídrico.
Para el lector, el efecto más inmediato es doméstico: patios, terrazas, jardines y accesos pueden acumular hojas antes de lo habitual. Barrer sigue siendo suficiente para superficies pequeñas; cuando el volumen es alto, un soplador o un equipo que también aspire y triture puede reducir el tiempo de recogida. La elección depende del tamaño de la parcela, el ruido permitido y si se prefiere batería o cable.
La lectura de fondo es distinta: la caída adelantada no significa por sí sola que el árbol vaya a morir, pero sí puede funcionar como una señal visible de lo exigente que ha sido la temporada. Tras el verano más cálido registrado en España y un julio excepcionalmente seco, ver árboles desprendiéndose de hojas en septiembre es coherente con la fisiología conocida del estrés por calor y falta de agua.
La senescencia otoñal normal está regulada por la duración del día, la temperatura y la especie. El estrés ambiental puede alterar ese calendario y hacer que un árbol desprenda parte de sus hojas antes de la coloración otoñal típica.
AEMET contabilizó cuatro olas de calor en Península y Baleares durante el verano de 2026 y una quinta ya en septiembre, una persistencia sin precedentes en su serie de caracterización.
La caída anticipada aumenta antes de tiempo la carga de hojas en aceras, patios y jardines y puede adelantar varias semanas las tareas habituales de limpieza de otoño.
En árboles privados, una caída intensa acompañada de ramas secas, pérdida general de vigor o síntomas localizados justifica revisar riego, suelo y posibles patologías en lugar de atribuirlo todo al calor.
El otoño meteorológico comienza el 1 de septiembre, mientras que el astronómico empieza con el equinoccio de septiembre. La fisiología de los árboles no sigue una fecha única de calendario.
Una tormenta puntual no compensa necesariamente semanas de déficit hídrico: importa cuánta agua infiltra hasta la zona de raíces y durante cuánto tiempo permanece disponible.
Fuentes: AEMET — España registra 61 días bajo ola de calor en 2026AEMET — Julio de 2026 fue el más cálido y el más seco de la seriePenn State Extension — Abiotic Urban Tree Stressors