El entrenador admite que todavía no sabe si conseguirá eliminarlas. La cuestión conecta con lo ocurrido ante Elche: dominio, ocasiones para cerrar el partido y fases posteriores de pérdida de control.
José Mourinho ha convertido las **desconexiones** en uno de los problemas centrales del Real Madrid antes del derbi. Preguntado por si conseguirá evitarlas, no prometió una solución inmediata: explicó que esa es su intención y la de los jugadores, pero recordó que el equipo lleva pocos meses trabajando junto.
La declaración tiene un antecedente muy reciente. Después del partido contra el Elche, Mourinho describió encuentros en los que el Madrid genera ocasiones suficientes para sentenciar y, al no hacerlo, entra en una fase en la que deja de controlar lo que sucede. Esa secuencia es especialmente peligrosa contra un Atlético preparado para correr tras recuperación.
Una desconexión no tiene por qué ser un error aislado de un futbolista. Puede aparecer cuando la primera línea de presión salta y el resto no acompaña, cuando los laterales están demasiado arriba a la vez o cuando los centrocampistas quedan separados de los centrales. En ese escenario, una pérdida ordinaria se transforma en una transición con metros libres.
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Tchouaméni es importante precisamente por esa razón. Su presencia puede reducir la distancia entre ataque y defensa, ofrecer una primera salida segura y cubrir movimientos de Valverde o Bellingham. Pero ningún mediocentro corrige por sí solo una estructura rota si el equipo ataca con demasiados jugadores por delante del balón.
El dilema Güler-Diomande también entra en esta conversación. Güler puede favorecer posesiones más largas y asociaciones interiores; Diomande aumenta la amenaza vertical y obliga al rival a retroceder. Mourinho no elige únicamente un atacante: elige también qué tipo de pérdida está dispuesto a asumir y qué ritmo quiere para el encuentro.
El Atlético de Simeone tiene perfiles capaces de castigar esas fases. Baena puede activar el primer pase, Julián o Jonathan David pueden fijar o atacar espacios y los jugadores de banda pueden acelerar antes de que el Madrid recomponga el bloque. Un tramo de cinco minutos sin control puede valer más que media hora de posesión estéril.
Por eso la rueda de prensa convierte una sensación repetida en una cuestión táctica concreta. Mourinho no discute que el Madrid tenga talento ni capacidad para dominar; admite que todavía trabaja para sostener el nivel durante todo el partido. El derbi será una prueba especialmente severa de ese problema porque el rival está diseñado para castigar justo los momentos de desorden.
El precedente del Elche sirve además para entender que el problema no depende únicamente del marcador. Mourinho explicó que su equipo había tenido opciones para cerrar el partido antes de perder control. Cuando un equipo dominante no convierte sus mejores minutos en ventaja suficiente, el coste de una desconexión aumenta: el rival sigue vivo y cada transición cambia de inmediato el contexto emocional del encuentro.
La solución tampoco pasa necesariamente por bajar el ritmo durante noventa minutos. El Madrid necesita mantener capacidad de acelerar porque ahí están algunas de sus mayores ventajas. La tarea de Mourinho es distinguir entre una aceleración organizada —con apoyos, coberturas y posibilidad de presión tras pérdida— y una aceleración caótica que deja al equipo partido. Esa diferencia puede marcar el derbi mucho más que el porcentaje de posesión.
Hay otra dimensión: la gestión de los primeros quince minutos después de cada cambio. Cuando entra un jugador más vertical, la tentación es acelerar cada posesión. Si Mourinho introduce a Diomande, por ejemplo, puede ganar amenaza al espacio, pero también necesita que el resto del equipo no interprete su entrada como una orden de convertir el partido en ida y vuelta. Lo mismo ocurre si cambia un centrocampista por un atacante: el efecto depende tanto del perfil que entra como de las distancias que conserva el bloque.
El balón parado puede funcionar como mecanismo de control. No solo por la posibilidad de marcar, sino porque una falta lateral o un córner permite al equipo instalarse arriba y reorganizarse antes de la siguiente acción. Contra un Atlético que quiere castigar transiciones, cada posesión que termina de forma controlada vale más que una finalización precipitada que deje al rival correr desde una recuperación limpia.
La frase de Mourinho tiene así una lectura doble. Es autocrítica porque reconoce un defecto que el equipo todavía no ha resuelto. Pero también es una pista sobre el plan: el Madrid intentará medir mejor cuándo apretar, cuándo pausar y cuándo asumir riesgos. Si consigue que sus mejores minutos no queden separados por fases de desconexión, obligará al Atlético a producir más en ataque posicional y menos desde el caos, precisamente el escenario que más puede incomodar al equipo de Simeone.
Ante el Elche, Mourinho ya describió un patrón de dominio inicial, ocasiones no convertidas y una posterior pérdida de control. Esa secuencia es el comparable inmediato para entender por qué insiste ahora en las desconexiones.
Si el Madrid reduce esos tramos de desorden, disminuye el número de transiciones limpias que puede recibir el Atlético. Si no lo hace, el rival puede generar ocasiones de alto valor con menos posesión y menos ataques posicionales.
Mourinho ya había hablado de pérdida de control tras no sentenciar el partido contra el Elche.
El Madrid llega con Tchouaméni disponible para el derbi.
Fuentes: Real Madrid — rueda de prensa de Mourinho, 19 sep 2026Real Madrid — Mourinho tras el Elche, 15 sep 2026AS — última sesión del Real Madrid
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